ciudades sin buitres, sapos y lagartos…

A propósito de un twitt enviado por una colega (@Ani_Toro) sobre una campaña que va a iniciar en Quito, contra el acoso verbal y físico hacia las mujeres en espacios públicos llamada “Quito sin Buitres”,- la cual es una enorme iniciativa, tal vez una de las más esperadas por las mujeres de esta ciudad que desde la infancia hemos sufrido estas situaciones. Me alegra porque esta iniciativa ha desatado -una serie de discusiones alrededor del tema, que entre bromas y traumas al fin sale a la luz y es objeto del debate público.

Inmediatamente recordé las “tantas” veces que he sido acosada verbalmente, escuchando groserías, vulgaridades y excesos de hombres en tantos lugares de esta ciudad, calles, parques, estaciones de bus, almacenes etc., – hay que mencionar que a veces el acoso no tiene palabras necesariamente sino gestos y miradas-. Tal vez a alguien le parezca exagerado decir que un simple “piropo”, no es tan destructivo para una mujer, sin embargo al igual que una gotera insistente, cada golpe cala al hasta el fondo y deja una marca emocional fuerte. Es un efecto doble a mi parecer, porque es “piropo”, que en rigor sería un “halago”, al mismo tiempo es cosificante y degradante para una mujer.

Recuerdo mis 12 años, cuando regresaba de la escuela, había un “tipo” que trabajaba frente a mi casa y siempre se paraba en la puerta a la hora de mi regreso para fastidiarme, riéndose, tocándose y obviamente diciendo obscenidades. Me molesta recordar la ansiedad que yo sentía cuando ya estaba cerca de pasar por ahí, me ponía nerviosa, tenía miedo, de hecho le tenía pavor, ni siquiera lo miraba, bajaba mi cabeza y seguía caminando para entrar lo más pronto posible a mi casa, realmente traumatizante para una niña. Otra historia son los buses de esta ciudad, todos repletos de gente casi siempre, donde no sólo te empujan, aplastan y obviamente los hombres aprovechan para “toquetearte”, más de una vez me ha pasado esto, por eso detesto ir en bus y por otras cosas más. Y no pueden faltar esos hombres que andan por la calle buscando cuerpos para morbosear, que sin reparo inclusive se acercan de manera tan invasiva que te paralizan porque piensas que te van a tocar, robar o algo así.

Por respeto a mi misma y a ustedes no quiero repetir todas las cosas que he escuchado, me dan asco inclusive, y me pongo a pensar en que pasaría si un día los roles cambiaran, y nosotras las mujeres repitiésemos lo que ellos hacen?, se darían cuenta de lo grave del asunto?, no lo sé…

Me parece que hay una contradicción también, respeto a las mujeres que gustan vestirse de manera Sensual, Sexy, Atractiva (SSA) o como quieran llamarlo, creo que tienen todo el derecho de hacerlo y verse como ellas quieran, sin embargo esto no es tan así porque se visten para que “alguien” las vea y las desee, es decir para los hombres. Sería ingeuno decir que una no se viste para que alguien la mire, pero de eso a convertirse en una carnada hay una gran diferencia. Entonces en que quedamos?, en el derecho que tenemos de ser , vernos y vestirnos omo nos dé la gana? , o de seguir alimentando un patrón machista por y para los hombres?, aunque creo que la salida más cercana sería  un cambio en la mentalidad en ellos. Que pasa con quienes casi nunca nos vestimos SSA?, son lesbianas diría algún ingenuo, otro que somos desalineadas, fachosas o simplemente feas.

Y las preguntas son muchas, por qué no reaccionamos?, por qué no denunciamos?, por qué los hombres se creen con derecho a todo eso y más?, por qué la sociedad “hipócritamente”, les permite tantos comportamientos sexistas y machistas?, creo que mucho de este morbo a veces se camufla en falsos gestos de “caballerosidad” inclusive, lo que desde el estudio de las masculinidades llamaríamos: “Micro-Machismos” (lean el docu es muy interesante)

Pienso en la educación que están recibiendo ahora mismo las niñas y adolescentes en las escuelas y colegios, se les enseña a reconocer y poner límites al acoso?, a decir no, a denunciar, o simplemente a hablar de eso?, se les enseña a defenderse frente a un acosador?, seguramente No.

Y cuál sería el perfil psicológico de estos “machos acosadores”?, sin ser psicóloga me atrevo a decir que son hombres con patrones machistas muy enraizados que se alimentan de la presión social de amigos varones desafiantes por demostrar su “hombría”, quizás con una pobre o nula autoestima y valoración propia que se oculta tras esa postura de conquistador. Quizás sean hombres para quienes las mujeres son sinónimo de sexo, lujuria y placer, tan ignorantes como para creer que es verdad todo lo que los medios venden sobre el sexo y la sexualidad. Hombres cobardes incapaces de respetarse a sí mismos, incapaces de reflexionar sobre su propia valía como seres humanos y con ningún conocimiento de las profundas complejidades de la corporalidad.

Después de todo este problema que no es exclusivo de ningún país, me alegra que al menos de esto ya podamos hablar, y estoy segura de que podremos hacer mucho más…

la dignidad no se negocia…

Pensando un poco en un reportaje que miré el otro día en la televisión sobre otra de las formas de mercantilización del cuerpo sobre la prostitución, mal llamada “profesión más antigua”, pensé en la complejidad del tema y la ligereza con la que los medios la abordan. Algunos con la intención de “farandulear” ocultan profundos problemas causados por la desigualdad social producto de un sistema inequitativo que discrimina a quienes no tienen la posibilidad de “competir”, en un mundo claramente “incompetible”. Esta es una sociedad que discrimina de múltiples formas: por ser mujer, por ser pobre, por ser indígena, por ser negra, por ser joven o vieja, por ser migrante o por todas la anteriores


Imagen: Amecopress.

Este reportaje denunciaba la irresponsabilidad con la que varios diarios y periódicos publican en sus últimas páginas anuncios relacionados con prostitución bajo demanda como: “masajes completos”, “líneas calientes” o servicios de “damas de companía”, y por otro lado en sus páginas principales denuncian la trata de blancas, el abuso sexual o violencia contra las mujeres o violaciones a los derechos humanos, en un juego de ética vs interés económico.

Y aunque el tema de la prostitución no es nuevo y muchos/as se aventuran a dar comentarios reduccionistas alegando que es un “derecho”, el decidir hacer o no hacerlo, sigo creyendo que esta mal llamada “profesión” es una de las tantas aberraciones humanas que denigran por dinero al ser humano y que en ningún caso puede ser justificada, ni siquiera por decisión, creo que la dignidad del ser humano no se negocia aunque quizás si la demanda desaparecería quizás también la oferta…

Les dejo con algunas ideas sobre el tema

“El uso y abuso de las relaciones sexuales impuestas por la fuerza, que ya venían ejerciendo los hombres a causa de la diferente evolución de su sexualidad en relación a la de las mujeres, fue legitimada por el patriarcado, institucionalizando su práctica.

Así, a partir de la Edad Antigua, cuando los ejércitos de varones luchaban entre sí, los vencedores tenían derecho legal al botín, es decir, a apropiarse de los bienes de los vencidos, incluyendo a las mujeres que convertían en sus esclavas para usarlas como criadas domésticas, como concubinas o para venderlas al mejor postor (algo que se sigue haciendo ahora a escala global, si tenemos en cuenta que el tráfico de mujeres es la tercera actividad ilegal más lucrativa del mundo, después del tráfico de armas y el narcotráfico).La legislación medieval acuñó la figura jurídica del “derecho de pernada”, que obligaba a las siervas de la gleba a someterse a la violación del noble en su noche de bodas, si él lo demandaba. Este increíble derecho ha permanecido a lo largo de los tiempos hasta nuestros días, siendo ejercido todavía en algunas sociedades. La revolución burguesa cambió muchas cosas, pero dejó intacta las relaciones de dominación-sumisión de la cultura de los géneros, incluso creo nuevas justificaciones como las expresadas en sus escritos por el inefable J. J. Rousseau.

Los matrimonios establecían claramente el “débito conyugal” que la mujer debía prestar a la demanda sexual de su marido, una forma sutil de nombrar la violación legalizada y santificada dentro del matrimonio. Por último, la prostitución, que en sus orígenes fue justificada con argumentos religiosos (los padres debían llevar a sus hijas al templo para ejercer la prostitución sagrada como forma de financiar los gastos sacerdotales), ha terminado siendo justificada por las leyes del mercado, como un trabajo más sometido a la oferta y la demanda, ocultando su verdadero significado de acto de violencia de género en el que se ha cambiado el uso de la fuerza bruta por la fuerza simbólica del dinero.

A pesar de los avances de la sexología como conocimiento científico de la sexualidad humana, se sigue planteando socialmente el uso de los conceptos “sexo” y “sexualidad” como si fueran sinónimos y referidos al mismo fenómeno. Esta identificación sirve de pretexto para justificar la pulsión copulatoria masculina, el recurso a las “necesidades fisiológicas” para justificar el uso de la prostitución, la percepción de las mujeres como objetos sexuales, el sexo por el sexo, el desprecio de la sentimentalidad y la valoración del pene-falo como el principal recurso sexual masculino y el representante de la virilidad.

RIESGOS: Este mito implica para los hombres una búsqueda compulsiva de la relación coital (incluso pagando o violando) a costa de impedirle vincularse afectivamente con las mujeres, algo que puede terminar en estados de soledad no querida, el más terrible problema psico-social para los seres humanos, pues somos animales sociales y necesitamos las vinculaciones afectivas por naturaleza.

La relación prostituyente, además de costosa e insatisfactoria, mantiene y aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual. Impide establecer relaciones con las mujeres en un plano de igualdad y dignidad, por la tendencia a la cosificación sexual (antes que personas son hembras que excitan la pulsión a la cópula), genera todo tipo de complejos y traumas desde la infancia al estar continuamente compitiendo con los demás hombres para dejar claro quién es el más macho, el más seductor y el más viril. Produce una preocupación constante por la salud de su pene-falo y es la causa de la mayor parte de las disfunciones sexuales.”

Tomado del texto: “HERRAMIENTAS TEÓRICO PRÁCTICAS PARA LA COMPRENSIÓN DEL COMPORTAMIENTO MASCULINO Y EL TRABAJO CON HOMBRES DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO”. Convocado por La Campaña Lazo Blanco Argentina – Uruguay y el Grupo GIMEM Con la colaboración de la Asoc. Civil “Pablo Besson”, Conferencia 5. Cuerpo, salud y sexualidades masculinas.

nosotras no tenemos la culpa… microMachismos – Parte II

Quizás estas descripciones animen al lector a ir develando otras, de las cuales impensadamente (o no) es sujeto u objeto. La efectividad de todas estas maniobras, junto a la falta de autoafirmacion de la mujer, forman una explosiva mezcla con negativos efectos relacionales: mujeres muchas veces enormemente deterioradas en su autonomía y varones con aislamiento emocional progresivo y creciente desconfianza en la mujer, a quien nunca terminan de poder someter plenamente.

Si bien hemos tenido en mente la clasificación a la pareja conyugal, muchas de estas maniobras son igualmente realizadas en el ámbito familiar con las propias hijas y madres. Quizás esta larga clasificación pueda provocar alivios y rechazos. Como en todo tema que se devela, suele ser mas frecuente que sientan alivio aquellos a quienes la invisibilizacion los desfavorecía, y rechazo quienes se sentían favorecidos por dicha invisibilizacion.

Tolerar la visibilizacion no es tarea fácil. No muchas mujeres, pese a entender maniobras en que se ven involucradas, soportan el reconocimiento de su propia subordinación (Dio Bleichniar, 1992).

Pocos varones, pese a reconocerse en este listado, están dispuestos a aceptar, a pesar de sus cambios, lo que en ellos aun permanece de la atávica dominancia masculina (Brittan, 1989).

Pero la transformación se basa en esos dolorosos reconocimientos y aceptaciones. Seria un error que de esta clasificación se dedujera la “maldad” de los varones. Solo he intentado describir comportamientos de los que ellos si son responsables, de los que las mujeres no son responsables y que solo a ellos les cabe intentar modificar si desean relaciones igualitarias y cooperativas con las mujeres.

Micromachismos “Coercitivos”,

El varón usa la fuerza moral, psíquica, económica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer sin la razón de su parte. Ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota posterior al comprobar la perdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones.

Intimidación
Maniobra atemorizante que se ejerce cuando ya se tiene fama (real o fantaseada) de abusivo o agresivo. Se dan indicios de que si no se obedece, ‘algo” podrá pasar. Implica un arte en el que la mirada, el tono de voz, la postura y cualquier otro indicador verbal o gestual pueden servir para atemorizar. Para hacerla creíble, es necesario, cada tanto, ejercer alguna muestra de poder abusivo físico, sexual o económico, para recordarle a la mujer que le puede pasar si no se somete.

Toma repentina del mando.
Ejercicio mas o menos sorpresivo de anulación o no tenida en cuenta de las decisiones de la mujer basada en la creencia del varón de que el es el único que toma decisiones. Ejemplos de esta maniobra son: tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan, monopolizar, etcétera.
El cortocircuito es un tipo especial de esta maniobra- consiste en tomar decisiones sin contar con la mujer, en situaciones que la involucran y en las que es difícil negarse- invitaciones a último momento de personas importantes: jefes. parientes, etcétera- (Piaget, 1993).

Apelación al argumento lógico.

Se recurre a la lógica (varonil) y a la “razón” para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables a la mujer. Utilizada por varones que suponen que tienen la ‘única” razón o que la suya es la mejor. No tienen en cuenta los sentimientos ni las alternativas y suponen que exponer su argumento les da derecho a salirse con la suya. No se cesa de utilizar hasta que se dan lógicas razones (las del varón, por supuesto), y obligan a tener muy en claro la propia posición si la mujer no quiere someterse. Provoca intenso agobio.

Ejemplo frecuente de esto es la elección del lugar de vacaciones, si a la mujer no le gusta el lugar elegido por el varón de la pareja. Es muy eficaz con mujeres que tienen un modo perceptivo o intuitivo de abordaje de la realidad.

Insistencia abusiva
Conocida como “ganar por cansancio”, consiste en obtener lo que se quiere, por agotamiento de la mujer en mantener su propia opinión, que al final acepta lo impuesto a cambio de un poco de paz.

Control del dinero
Gran cantidad de maniobras son utilizadas por el varón para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la mujer a el o dando por descontado que el hombre tiene mas derecho a ello. Algunas de ellas: no información sobre usos del dinero común, control de gastos y exigencia de detalles, retención -lo que obliga a la mujer a pedir- (Coria, 1992). Incluyo también en este apartado la negación del valor económico que supone el trabajo domestico y la crianza y el cuidado de los niños

Uso expansivo del espacio físico.
Esta práctica se apoya en la idea de que el espacio es posesión masculina, y que la mujer lo precisa poco. Así, en el ámbito hogareño, el varón invade con su ropa toda la casa, utiliza para su siesta el sillón del salón impidiendo el uso de ese espacio común, monopoliza el televisor u ocupa con las piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sientan alrededor de ella, entre otras maniobras (Guillaumin, 1992).

Efectos en la mujer:
Inhibición, desconfianza en si misma y disminución de la autoestima, lo que genera mas desbalance de poder.

Micromachismos “encubiertos”,
El varón oculta (y a veces se oculta) su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, razón por la que son mas efectivas que las anteriores. Son muy efectivos para que el varón acreciente su poder de llevar adelante “sus” razones, y son especialmente devastadores con las mujeres muy dependientes de la aprobación masculina.

Son los que atentan de modo mas eficaz contra la simetría relacionar y la autonomía femenina, por su índole insidiosa y sutil que los torna especialmente invisibles en cuanto a su intencionalidad.

Abuso de la capacidad femenina de cuidado.
Maternalizacion de la mujer. La inducción a la mujer a ‘ser para otros” es una practica que impregna el comportamiento masculino. De las múltiples caras de esta maniobra, solo nombrare algunas: pedir, fomentar o crear condiciones para que la mujer priorice sus conductas de cuidado incondicional (sobre todo hacia el mismo varón), promover que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo laboral, acoplarse al deseo de ella de un hijo, prometiendo ser un “buen padre” y desentenderse luego del cuidado de la criatura.

Requerimientos abusivos solapados: son tipos de pedidos “mudos” que apelan a aspectos “cuidadores” del rol femenino tradicional. Ejemplos comunes de estos requerimientos son los comportamientos de “aniñamiento tiránico” que utilizan los varones cuando enfrentan, así como la exigencia (generalmente no verbal) de ocuparse de la familia de el, sus amigos, y los animales que usualmente el promueve que los hijos tengan en casa.

Este tipo de maniobras, junto con la sacralización de la maternidad y la delegación de la carga domestica y la crianza de los hijos (definiéndose el varón solo como “ayudante”), son las mas frecuentes microviolencias sobre la autonomía de la mujer, al obligarla a un sobreesfuerzo vital que le impide su desarrollo personal.

Maniobras de explotación emocional
Se aprovechan de la dependencia afectiva de la mujer y su necesidad de aprobación para promover en ella dudas sobre si misma, sentimientos negativos y, por lo tanto, más dependencia. Se usan para ello dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, etcétera. De entre su amplia variedad podemos destacar: Culpar a la mujer de cualquier disfunción familiar (con la consiguiente inocentizacion del varón). Culpabilizacion del placer que la mujer siente con otras personas o situaciones donde el no este: asentada en la creencia de que la mujer solo puede disfrutar con su compañero afectivo y por el. Eleccion forzosa con maniobras del tipo de “Si no haces esto por mi es que no me quieres”. Acusación culposa no verbal frente a acciones que no le gustan al varón, pero a las cuales no se puede oponer con argumentos “racionales” (al estilo de “A mi no me importa que salgas sola”, dicho con cara de enfado).

Maniobras de desautorizacion.

  • Conducen a inferiorizar a la mujer a través de un sinnúmero de descalificaciones, que en general son consonantes con las descalificaciones que la cultura tradicional realiza, y que hacen mella en la necesidad de aprobación femenina. Entre ellas:
  • Redefinición como negativas, de cualidades o cambios positivos de la mujer.
  • Colusión (Boicot o confabulación) con terceros con los que la mujer tiene vínculos efectivos (parientes, amistades) a través del relato de historias sesgadas, secreteos, etcétera (Borrad, 1991).
  • Descalificación de cualquier trasgresión del rol tradicional.

Un gesto muy utilizado para acompañar estas maniobras es ‘la cara de perro”, que difícilmente es aceptado como propio por el varón.

Terrorismo
Se trata de comentarios descalificadotes repentinos, sorpresivos, tipo ‘bomba”, que dejan indefensa a la mujer por su carácter abrupto. Producen confusión, desorientación y parálisis. Utilizan la sospecha, la agresión y la culpabilidad. Pertenecen a este tipo los sorpresivos comentarios descalificadores del éxito femenino, resaltar la cualidad de la mujer-objeto y recordar las “tareas femeninas” con la familia, en contextos no pertinentes (Coria, 1992).

Paternalismo
En este tipo de maniobra se enmascara la posesividad y a veces el autoritarismo del varón, haciendo “por” y no “con” la mujer e intentando aniñarla. Se detecta sobre todo cuando ella se opone, y el no puede tolerar no controlarla.

Creación de falta de intimidad
Actitudes activas de alojamiento, que bloquean la puesta en juego de las necesidades relacionales de la mujer y evitan la intimidad que para el varón supone riesgo de perder poder y quedar a merced de la mujer (Weingarten, 1991):

Negación del reconocimiento.
Comportamientos de avaricia de reconocimiento de la mujer como persona y de sus necesidades, que conducen al hambre de afecto (el que, en mujeres dependientes, aumenta su dependencia). Provoca sobrevaloracion de lo poco que brinda el varón -ya que lo escaso suele vivirse como valioso- (Benard y Schiaffer, 1 990).

Silencio.
Renuencia a hablar o hablar de si, con efectos de “misteriosidad”. Su objetivo es evitar el desenmascaramiento y el control de las reglas del dialogo. Algunas de estas maniobras son: encerrarse en si mismo, no contestar, no preguntar, no escuchar, hablar por hablar sin comprometerse, etcétera (Durrant y White, 1990; Wieck 1987; Sabo 1995). Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada (e imposición del deber de ser cuidadora). Inclusión invasiva de amigos, reuniones y actividades, limitando al mínimo o haciendo dejar de existir los espacios de intimidad. A veces acompañada de la acusación a la mujer de ser “poco sociable”.

Engaños
Se desfigura la realidad al ocultar lo que no conviene que la mujer sepa, porque si no el varón puede resultar perjudicado en determinadas ventajas que no quiere perder. Pertenecen a este tipo maniobras tales como: negar lo evidente, incumplir promesas, adular, crear una red de mentiras, apelar a la desautorización de las “intuiciones” de la mujer para ocultar infidelidades.

Dan poder en tanto impiden un acceso igualitario a la información.
Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial.
Maniobras que procuran bloquear la respuesta de la mujer ante acciones e inacciones del varón que la desfavorecen. Hacen callar apelando a “otras razones”, y eludiendo la responsabilidad de la acción.

Entre ellas: Hacerse el tonto: se apela a la inconsciencia (“No me di cuenta”), a las dificultades de los varones (“Quiero cambiar, pero me cuesta”), a las obligaciones laborales (“No tengo tiempo para ocuparme de los niños”), a la torpeza, a la parálisis de la voluntad (“No pude controlarme”). Comparaciones ventajosas: se apela a que hay varones peores.

Efectos en la Mujer:

  • Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola a hacer lo que no quiere y conduciéndola en la dirección elegida por el varón.
  • Aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento “confiado”.
  • Provocan en ella sentimientos de desvalimiento, emociones acompañadas de confusión, zozobra, culpa, dudas de si, impotencia, que favorecen el descenso de la autoestima y la auto credibilidad.
  • Reacción retardada (y “exagerada”, dicen los varones) por parte de la mujer, como mal humor, frialdad o estallidos de rabia “sin motivo”.

Micromachismos de “crisis”,
Suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable desbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o perdida del poder del varón por razones físicas o laborales. El varón, al sentirse perjudicado, puede utilizar específicamente estas maniobras o utilizar las definidas anteriormente, aumentando su cantidad o su intensidad con el fin de restablecer el statu quo.

Muchas de estas acciones están naturalizadas, des-conociéndose su función al servicio de la dominación.

Seudoapoyo.
Apoyos que se enuncian sin ir acompañados de acciones cooperativas, realizados con mujeres que acrecientan su ingreso al espacio publico. Se evita con ello la oposición frontal, y no se ayuda a la mujer a repartir su carga domestica y tener mas tiempo.

Desconexión y distanciamiento.
Se utilizan diversas formas de resistencia pasiva: falta de apoyo o colaboración, conducta al acecho (no toma la iniciativa, espera y luego critica. “Yo lo hubiera hecho mejor”), amenazas de abandono o abandono real (refugiándose en el trabajo o en otra mujer “mas comprensiva”).

Hacer meritos.
Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer ser un buen hombre, ponerse seductor y atento, hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación. Se realizan modificaciones puntuales que implican ceder posiciones provisoriamente por conveniencia, sin cuestionarse la creencia errónea de la “naturalidad” de la tenencia de dicha posición.

Dar lastima.
Comportamientos autolesivos tales como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que apelan a la predisposición femenina al cuidado y le inducen a pensar que sin ella el podría terminar muy mal.

El varón exhibe aquí, manipulativamente, su invalidez para el autocuidado. W. Shakespeare ilustra, espléndidamente, las estrategias de utilización de muchas de estas maniobras en función de dominar a la mujer, restringiendo con hábiles artes su autonomía, en su obra “La fierecilla domada”. Su lectura alumbra con gran nitidez el efecto devastador de estas estrategias de dominio.

Tomado del Texto:  “Micromachismos,  La violencia invisible en la pareja”  Luis Bonino Mendez

“exageras, estás loca”… microMachismos – parte I

Comparto con ustedes unas líneas de este texto tan interesante sobre los “Micromachismos”, un tema bastante nuevo para mi, y digo nuevo en el sentido de que no lo había indentificado con facilidad en mi vida personal. Por esto les invito a que juntos, hombres y mujeres hagamos un ejercicio reflexivo y equilibrado, para que igualmente juntos/as podamos cambiar lo que sí se puede cambiar, “intentemos lo imposible”…

Tomado del texto: “Micromachismos: La violencia invisible en la pareja *Luis Bonino Mendez

Micromachismos definidos como los “mM”, conocidos como las maniobras interpersonales que realizan los varones para mantener, reafirmar, recuperar el dominio sobre las mujeres, o para resistirse al aumento de poder de ellas, o para aprovecharse de dicho poder, se muestran los efectos que por su reiteracion, ocasionan en las personas.

Para qué hablar de esto?

  • Favorecer el ejercicio autocritico de los varones sobre su ejercicio cotidiano de poder,
  • Contribuir a ampliar en las mujeres el registro perceptivo y por tanto la posibilidad de resistencia de la violencia ejercida sobre ellas.
  • Explicar el origen de muchos malestares, sobrecargas y relaciones defensivo-agresivas que al estar ignoradas su produccion interactiva, suelen atribuirse a “problemas femeninos”, culpabilizando a las mujeres e inocentizando a los varones.

Algunos Apuntes:
La cultura ha legitimado la creencia en la posicion superior del varon: el poder personal, la autoafirmacion, es el rasgo masculino por antonomasia.

La comprension de la construccion de la identidad masculina y sus modos de relacionarse se revelan como indispensables

Definir al “machismo” como los comportamientos exagerados que aluden, en el lenguaje popular, a una connotacion negativa de los comportamientos de inferiorizacion hacia la mujer.

Se trata de un amplio abanico de maniobras interpersonales que realizan los varones para intentar:

  • Mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer objeto de la maniobra;
  • Reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se “rebela” por “su” lugar en el vinculo;
  • Resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes.

Son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomia personal de la mujer, en los cuales los varones, por efecto de su socializacion de genero son expertos; socializacion que, como sabemos, esta basada en el ideal de masculinidad tradicional: autonomia; dueño de la razon, el poder y la fuerza, ser para si, y definicion de la mujer como inferior y a su servicio. A traves de ellos se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razon.

Mantener el “monopolio de la razon” y, derivado de ello, un poder moral por el que se crea un contexto inquisitorio en el que la mujer esta en principio en falta o como acusada: “exageras’ y “estas loca” son dos expresiones que reflejan claramente esto (Serra, 1993). Aun los varones mejor intencionados los realizan, porque estan fuertemente inscritos en su programa de actuacion con las mujeres. Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la “perfecta inocencia” de lo inconsciente.

Un poder importante en este sentido es el de crearse y disponer de tiempo libre a costa de la sobreutilizacion del tiempo de la mujer.

Sus mas frecuentes efectos, tales como la perpetuacion en los desbalances y disfunciones en la relacion, el deterioro en la autoestima y autonomia femeninas y el aislamiento y la consolidacion de prejuicios misoginos en el varon, se producen con denegacion de su causalidad y atribucion culposa a la mujer (uno de los micromachismos mas frecuentes)

Les invito a ver la segunda parte de este post…

lucha de roles…

Pensar en el cambio de roles es solo un sueño?, es posible construír nuevas realidades sin repetir los mismos errores?. Estos videos muestran de una manera quizás cómica una realidad muy cercana en nuestros países, lo que hemos naturalizado como correcto y aceptable y lo que “no lo es”… Pensemos