ciudades sin buitres, sapos y lagartos…

A propósito de un twitt enviado por una colega (@Ani_Toro) sobre una campaña que va a iniciar en Quito, contra el acoso verbal y físico hacia las mujeres en espacios públicos llamada “Quito sin Buitres”,- la cual es una enorme iniciativa, tal vez una de las más esperadas por las mujeres de esta ciudad que desde la infancia hemos sufrido estas situaciones. Me alegra porque esta iniciativa ha desatado -una serie de discusiones alrededor del tema, que entre bromas y traumas al fin sale a la luz y es objeto del debate público.

Inmediatamente recordé las “tantas” veces que he sido acosada verbalmente, escuchando groserías, vulgaridades y excesos de hombres en tantos lugares de esta ciudad, calles, parques, estaciones de bus, almacenes etc., – hay que mencionar que a veces el acoso no tiene palabras necesariamente sino gestos y miradas-. Tal vez a alguien le parezca exagerado decir que un simple “piropo”, no es tan destructivo para una mujer, sin embargo al igual que una gotera insistente, cada golpe cala al hasta el fondo y deja una marca emocional fuerte. Es un efecto doble a mi parecer, porque es “piropo”, que en rigor sería un “halago”, al mismo tiempo es cosificante y degradante para una mujer.

Recuerdo mis 12 años, cuando regresaba de la escuela, había un “tipo” que trabajaba frente a mi casa y siempre se paraba en la puerta a la hora de mi regreso para fastidiarme, riéndose, tocándose y obviamente diciendo obscenidades. Me molesta recordar la ansiedad que yo sentía cuando ya estaba cerca de pasar por ahí, me ponía nerviosa, tenía miedo, de hecho le tenía pavor, ni siquiera lo miraba, bajaba mi cabeza y seguía caminando para entrar lo más pronto posible a mi casa, realmente traumatizante para una niña. Otra historia son los buses de esta ciudad, todos repletos de gente casi siempre, donde no sólo te empujan, aplastan y obviamente los hombres aprovechan para “toquetearte”, más de una vez me ha pasado esto, por eso detesto ir en bus y por otras cosas más. Y no pueden faltar esos hombres que andan por la calle buscando cuerpos para morbosear, que sin reparo inclusive se acercan de manera tan invasiva que te paralizan porque piensas que te van a tocar, robar o algo así.

Por respeto a mi misma y a ustedes no quiero repetir todas las cosas que he escuchado, me dan asco inclusive, y me pongo a pensar en que pasaría si un día los roles cambiaran, y nosotras las mujeres repitiésemos lo que ellos hacen?, se darían cuenta de lo grave del asunto?, no lo sé…

Me parece que hay una contradicción también, respeto a las mujeres que gustan vestirse de manera Sensual, Sexy, Atractiva (SSA) o como quieran llamarlo, creo que tienen todo el derecho de hacerlo y verse como ellas quieran, sin embargo esto no es tan así porque se visten para que “alguien” las vea y las desee, es decir para los hombres. Sería ingeuno decir que una no se viste para que alguien la mire, pero de eso a convertirse en una carnada hay una gran diferencia. Entonces en que quedamos?, en el derecho que tenemos de ser , vernos y vestirnos omo nos dé la gana? , o de seguir alimentando un patrón machista por y para los hombres?, aunque creo que la salida más cercana sería  un cambio en la mentalidad en ellos. Que pasa con quienes casi nunca nos vestimos SSA?, son lesbianas diría algún ingenuo, otro que somos desalineadas, fachosas o simplemente feas.

Y las preguntas son muchas, por qué no reaccionamos?, por qué no denunciamos?, por qué los hombres se creen con derecho a todo eso y más?, por qué la sociedad “hipócritamente”, les permite tantos comportamientos sexistas y machistas?, creo que mucho de este morbo a veces se camufla en falsos gestos de “caballerosidad” inclusive, lo que desde el estudio de las masculinidades llamaríamos: “Micro-Machismos” (lean el docu es muy interesante)

Pienso en la educación que están recibiendo ahora mismo las niñas y adolescentes en las escuelas y colegios, se les enseña a reconocer y poner límites al acoso?, a decir no, a denunciar, o simplemente a hablar de eso?, se les enseña a defenderse frente a un acosador?, seguramente No.

Y cuál sería el perfil psicológico de estos “machos acosadores”?, sin ser psicóloga me atrevo a decir que son hombres con patrones machistas muy enraizados que se alimentan de la presión social de amigos varones desafiantes por demostrar su “hombría”, quizás con una pobre o nula autoestima y valoración propia que se oculta tras esa postura de conquistador. Quizás sean hombres para quienes las mujeres son sinónimo de sexo, lujuria y placer, tan ignorantes como para creer que es verdad todo lo que los medios venden sobre el sexo y la sexualidad. Hombres cobardes incapaces de respetarse a sí mismos, incapaces de reflexionar sobre su propia valía como seres humanos y con ningún conocimiento de las profundas complejidades de la corporalidad.

Después de todo este problema que no es exclusivo de ningún país, me alegra que al menos de esto ya podamos hablar, y estoy segura de que podremos hacer mucho más…

apuntes sobre neomachismos…

Revisemos algunos apuntes sobre los Neo-Machismos

Imaginemos una situación de una relación de un hombre y una mujer, en la que alguien se voltea y dice “Estás siendo demasiado emotivo/a, ya no quiero seguir con esta conversación hasta que lo calmes y podamos hablar de esto en forma racional”. Quién dice esto en la familia? Esta situación resulta todo un tema en las relaciones personales, se podría analizar psicológicamente como un asunto de personalidades. Pero la teoría social nos ayuda a superar esta personalización, porque reconocemos una relación de poder que se está ejerciendo ahí. Cuando de esta manera dejo en silencio a mi pareja, puedo sentir el respaldo de toda la sociedad. Porque al decirle que es irracional, le estoy diciendo “no tienes derecho a hablar”, le estoy diciendo que las emociones y que los sentimientos son poco o nada razonables y que por lo tanto, no son fuente de conocimiento.

Lo que tiene consecuencias muy profundas, porque refuerza nuestra concepción del conocimiento objetivo y establece una relación entre los géneros con base en el poder. Además, es una de las responsabilidades de los hombres el disciplinar y hacer que sus parejas entren al orden, porque “saben” que ellas son irracionales. Este proceso se vuelve parte de la legitimación de la violencia doméstica, pero también se vuelve parte de la legitimación de una violencia que no se nombra nunca. Es parte de una miseria privada que no puede ser expresada y escuchada.

Apenas recientemente algunos teóricos de la filosofía y la teoría social han empezado a considerar las implicaciones de ese sufrimiento y de ese silencio, pero sabemos que se basa profundamente en las concepciones dominantes de la masculinidad.

Debemos repensar que el lenguaje está basado en el género y que los hombres y las mujeres crecen con relaciones diferentes a su lenguaje.

Un tema para ser estudiado cuidadosamente reside en cómo aprendemos a escuchar y cómo aprendemos a hablar, cómo es que los hombres en particular desarrollamos una relación en la cual lo que es importante es el hablar y lo que es difícil es el escuchar. A veces escuchamos, pero nada más para poder hablar.

Hemos notado cuando le preguntamos a un hombre sobre qué siente y nos contesta lo que piensa, sin tomar en cuenta que nuestras más profundas creencias están relacionadas con nuestros sentimientos más profundos.

Mitos
Probablemente para los niños y las niñas a diferente edad, pero posiblemente a los 8 o 9 años, de repente existe un cierto miedo hacia el excesivo acercamiento entre los hijos y padres, porque temen que la emoción se pueda
relacionar con la homosexualidad. Así, hay una sensación de que el padre tiene que involucrarse en la disciplina del niño, lo cual implica una separación entre el niño y su padre a una edad específica del primero.

Con las niñas, sucede en distintas formas debido a que se teme que esta relación se vuelva sexual en el momento en que el padre se siente intranquilo al tener a su hija sentada sobre las piernas. Así, hay un cambio en la relación y un movimiento mediante el cual encontramos que la estructura de la masculinidad asume una forma cultural que tiene que ser analizada cuidadosamente

Asimismo, el hombre siempre ha debido demostrar a la mujer no solo fortaleza física por su apariencia y figura corporal, sino por su resistencia a los desafíos de la vida y por su capacidad para enfrentar responsabilidades y aprovechar oportunidades. Por otra parte, los hombres suelen mostrar a las mujeres urgencia por hacerlas sentir bien desde el punto de vista sexo-erótico. Se manifiestan además seductores, polígamos (muchas mujeres a la vez) y hacen gala de un desempeño sexual exitoso

Los hombres incorporan hábitos sociales como el consumo de tabaco, alcohol y drogas, que luego exhiben ante sus iguales como un terreno que promueve sobrevaloraciones de la hombría. Otro aspecto interesante es no mostrar actitudes afectivas, cariñosas o amables hacia otros hombres, porque en caso contrario provocarían la censura social por desviarse de la opción heterosexual y los expondrían a la burla, el rechazo y la marginación.

El modelo dominante hace que los varones desarrollen temor a la crítica social conduce a asumir actitudes individualistas, egoístas y autodestructivas en sus relaciones con el mundo.

Los hombres y las relaciones de pareja
Los hombres y las mujeres interactúan regularmente durante diferentes momentos de su existencia, y esto deja huellas profundas en sus vidas e identidades, por eso algunos hombres perciben y construyen sus identidades masculinas a partir de las comparaciones que hacen con las identidades femeninas.

Los varones tienen un registro bajo de su esfera emotiva y sentimental, esto hace que desarrollen un estilo de comunicación en el cual los hechos suelen prevalecer sobre las palabras, las promesas y las expresiones afectivas. Las mujeres, por su parte, están más atentas a lo que los hombres les ofrecen y reclaman de ellos algo más que hechos y acciones. Aquí aparece una de las principales fuentes de conflicto en la pareja.

Al considerar al hombre como proveedor, protector y responsable de mantener la especie, se generó en ellos un sentimiento de seguridad y equilibrio, que no los comprometía con un rol amoroso, afectivo y tierno. El patriarca encarnaba la ley, la autoridad y la mano dura.

Muchos trabajos sobre paternidad, de hace algunos años, demostraron que la noticia de ser padres en numerosos hombres transitaba de la angustia al gusto, de la negación a la aceptación, del desagrado al agrado, del pánico al placer, y se vivenciaba como un período de confusión y de difícil asimilación. Asumirse como padres significaba, de alguna manera, incluir en sus planes personales la responsabilidad de criar y cuidar a aquellas hijas e hijos que creó junto a su
pareja.

Supuestos importantes del machismo1 recayó durante años en sencillas expresiones por parte de los hombres como estas: “Yo sé que ella quiere un hijo mío.” “Un hijo es el mejor regalo que se le puede dar a una mujer.” “Le he dado lo que más quiere: un hijo”, con lo cual se infería que era ella quien se realizaba al tener descendencia, y lo fundamental para ellos era aportar la semilla para la continuidad del nombre y la especie. Parecía como si ese pretexto diera el permiso a los hombres para excusarse, tranquilizarse y atenuar su culpa cuando no cumplían con algunas de las otras funciones del rol.

Los pasos de los hombres hacia nuevas realidades y el avance de los tiempos han podido demostrar que ese estigma del padre proveedor y cajero puede transformarse en el de un padre que responde desde su historia y construye historia con la familia, los hijos e hijas, al derivar en una figura presente no solo en lo físico, sino también en lo emocional. Esto no lo exime de sus responsabilidades de proveedor junto a la madre, solo redimensiona su responsabilidad afectiva y vincular.

Es preciso leer la autoridad paterna desde una visión, un saber y una experiencia diferente, pero no desde la necesidad de control absoluto, sino desde la dimensión de padre pedagógico que educa, acompaña, acoge, protege, motiva y respalda desde su voz.

Hay algo que no podemos dejar de ver, y considero de gran importancia en la construcción de estereotipos masculinos. Anteriormente me refería al estatus quo de las masculinidades, ya que estas no solo han sido construidas y reproducidas por el hombre, las mujeres también han sido transversalizadas en ellas. Muchas de nuestras féminas en la familia, al nacer un hijo varón, al referirse a su futura conducta en la sociedad, la primera imagen que le construyen a este sujeto sexuado es la de tener que ser como su padre. El niño desde sus primeros pasos ya tiene introyectado en su inconsciente de qué forma debe proyectarse ante la sociedad como masculino, por lo cual va a repetir las conductas de aquel a quien le dicen que debe ser. Si bien la crianza de los hijos queda a manos de la mujer por los roles que le fueron otorgado, y el hombre requiere de menos tiempos en la crianza del mismo ya que éste debe buscar el sustento
familiar, lo cual le impide una paternidad igualitaria, nos preguntaríamos, el porqué si pasamos más tiempo con nuestras madres que con nuestros padres, aún así seguimos reproduciendo las conductas masculinas? Ahí deviene la respuesta de que las mujeres son un eslabón importante en reproducir e inculcar a sus descendientes las masculinidades y sus correspondientes roles.

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Mecanismos psicopáticos. Cuanto más encubierto e invisibilizado sea el micromachismo, más peligrosamente desapercibido resulta el efecto. En psicoanálisis, se los llama “mecanismos psicopáticos” a esas telarañas en que las mujeres quedan entrampadas: abuso de la capacidad femenina de cuidado, maniobras de explotación emocional, negación del reconocimiento, desautorizaciones o inexplicables imposiciones de silencio.

Luis Leñero acuña el término del “neomachismo” para mostrar cambios en las actitudes masculinas ante la planificación familiar. Estos hombres, instalados en una especie de “machismo light” ya no ejercen (o ya no pueden ejercer) el patriarcado como lo hicieron sus padres y abuelos: ya negocian más las decisiones y “permiten” que trabaje la mujer fuera de casa (aunque prefieren que ella no gane más que ellos), pero mantienen un marco de referencia con un claro encuadre machista.

Este “neomachismo” parece corresponder muy cercanamente al tipo de familia donde ya se negocia que Shmukler describe en las áreas urbanas de Argentina y que uno puede encontrar en áreas similares en ciudades de Latinoamérica Son hombres que se ven enfrentados con una pareja que ya se ha separado anteriormente, que tiene trabajo remunerado y/o participa en organizaciones sociales. En estas condiciones el hombre se ve en la necesidad de negociar o de correr el riesgo de perder a su pareja. Las mujeres en estas familias, anota Schmuckler, tienden a seguir manejando el discurso tradicional sobre las relaciones familiares y de género, pero han avanzado hacia una “consciencia práctica” que les permite una mayor cuota de poder y relaciones menos inequitativas comparado con las familias con estructura francamente autoritaria. 36

Una variante mas progre del neomachismo es el hombre machista-leninista, con un discurso igualitario de avanzada combinada con una práctica de género muuy rezagada. Este personaje está muy bien descrito en la exitosa obra de teatro mexicana llamada “Entre Villa y una mujer desnuda” (de Sabina Berman). También está caracterizado en los testimonios en los que mujeres militantes comparten los agudos cambios que se dan en su participación a partir de la aparición de su primer hijo. Su maternidad inmediatamente se convierte en obstáculo para mantener participación política, mientras la paternidad para su compañero no se constituye en obstáculo alguno.

Tomado del texto:

“Herramientas teórico prácticas para la comprensión del Comportamiento masculino y el trabajo con hombres desde una Perspectiva de género”. Convocado por La Campaña Lazo Blanco Argentina – Uruguay con la colaboración de la Asoc. Civil “Pablo Besson” 2010, Tema IV. Las nuevas masculinidades.

cinco videos para pensar género, masculinidad y más…

Comparto cinco interesantes videos sobre género, machismo y nuevas masculinidades. Van algunas ideas de lo que más me ha gustado de cada uno.

La Nueva Masculinidad

“El trabajo de las mujeres debe ser en labores propias de su sexo, aunque muchos hombres todavía piensan que las mujeres son violadas porque provocan eso en los hombres”. Por otro lado pensar en los nuevos roles de género para los hombres tiene un profundo vacío también, porque la gran mayoría de hombres nunca vieron a sus Padres hacer algo diferente.

Masculinidad

“Es necesario cuestionarse como hombres las emociones, porque estas no son masculinas ni femeninas, aceptarlas puede ser muy positivo para ellos mismos, por ejemplo la ternura. Una forma de empezar los cambios es que los hombres participen del espacio privado del hogar y desaparecer a los Padres ausentes y autoritarios que no dialogan con sus hijos”. Hay tantas preguntas que hacernos, será posible un mayor contacto físico entre los hombres heterosexuales?. Finalmente una idea fundamental es incorporar en la eduación de los niños lo que se les ha enseñado eternamente solo a las niñas “el cuidar, proteger, amar”…

Campaña Lazo Blanco – Brasil

Se busca hombres comprometidos por el fin de la violencia contra las mujeres, la campaña lazo blanco involucra también la paternidad. Algo para pensar; En Brasil se otorgan 5 meses de licencia de lactancia materna a las mujeres y a los hombres solamente 5 días..

Dialogando sobre Masculinidades

“La paternidad entró en crisis cuando el hombre dejó de ser el proveedor del hogar”. En el marco de los estudios de género se incertan en una época y contexto histórico, en relaciones que se transforman, elementos dialécticos, que involucran la clase social y la etnicidad. Pensar el feminismo como la construcción de un mundo con mayor equidad comprendiendo el género como una perspectiva relacional”

El Machismo Invisble

“Existen diversos feminismos, muchas mujeres, diversas posiciones. Se piensa que el machismo no existe, porque no se muestra de manera evidente, esto porque no se tiene consciencia de que el mundo es masculino por tanto el mundo es machista pero se piensa que es normal.

Una de las críticas al movimiento feminista es que es una propuesta “escandalosa”, todos los movimientos sociales son estridentes, no hay que asustarse por el ruido porque le están gritando a la sociedad. Un problema del movimiento quizás es que hemos perdido la individualidad como mujeres en el tránsito de la representacion de grupo porque puede no sentirse responsable sobre todo en unas relaciones que todavia son de dominación, quien está al frente de los partidos políticos?, quien nombra a las mujeres?, todavía los hombres…

nosotras no tenemos la culpa… microMachismos – Parte II

Quizás estas descripciones animen al lector a ir develando otras, de las cuales impensadamente (o no) es sujeto u objeto. La efectividad de todas estas maniobras, junto a la falta de autoafirmacion de la mujer, forman una explosiva mezcla con negativos efectos relacionales: mujeres muchas veces enormemente deterioradas en su autonomía y varones con aislamiento emocional progresivo y creciente desconfianza en la mujer, a quien nunca terminan de poder someter plenamente.

Si bien hemos tenido en mente la clasificación a la pareja conyugal, muchas de estas maniobras son igualmente realizadas en el ámbito familiar con las propias hijas y madres. Quizás esta larga clasificación pueda provocar alivios y rechazos. Como en todo tema que se devela, suele ser mas frecuente que sientan alivio aquellos a quienes la invisibilizacion los desfavorecía, y rechazo quienes se sentían favorecidos por dicha invisibilizacion.

Tolerar la visibilizacion no es tarea fácil. No muchas mujeres, pese a entender maniobras en que se ven involucradas, soportan el reconocimiento de su propia subordinación (Dio Bleichniar, 1992).

Pocos varones, pese a reconocerse en este listado, están dispuestos a aceptar, a pesar de sus cambios, lo que en ellos aun permanece de la atávica dominancia masculina (Brittan, 1989).

Pero la transformación se basa en esos dolorosos reconocimientos y aceptaciones. Seria un error que de esta clasificación se dedujera la “maldad” de los varones. Solo he intentado describir comportamientos de los que ellos si son responsables, de los que las mujeres no son responsables y que solo a ellos les cabe intentar modificar si desean relaciones igualitarias y cooperativas con las mujeres.

Micromachismos “Coercitivos”,

El varón usa la fuerza moral, psíquica, económica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer sin la razón de su parte. Ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota posterior al comprobar la perdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones.

Intimidación
Maniobra atemorizante que se ejerce cuando ya se tiene fama (real o fantaseada) de abusivo o agresivo. Se dan indicios de que si no se obedece, ‘algo” podrá pasar. Implica un arte en el que la mirada, el tono de voz, la postura y cualquier otro indicador verbal o gestual pueden servir para atemorizar. Para hacerla creíble, es necesario, cada tanto, ejercer alguna muestra de poder abusivo físico, sexual o económico, para recordarle a la mujer que le puede pasar si no se somete.

Toma repentina del mando.
Ejercicio mas o menos sorpresivo de anulación o no tenida en cuenta de las decisiones de la mujer basada en la creencia del varón de que el es el único que toma decisiones. Ejemplos de esta maniobra son: tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan, monopolizar, etcétera.
El cortocircuito es un tipo especial de esta maniobra- consiste en tomar decisiones sin contar con la mujer, en situaciones que la involucran y en las que es difícil negarse- invitaciones a último momento de personas importantes: jefes. parientes, etcétera- (Piaget, 1993).

Apelación al argumento lógico.

Se recurre a la lógica (varonil) y a la “razón” para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables a la mujer. Utilizada por varones que suponen que tienen la ‘única” razón o que la suya es la mejor. No tienen en cuenta los sentimientos ni las alternativas y suponen que exponer su argumento les da derecho a salirse con la suya. No se cesa de utilizar hasta que se dan lógicas razones (las del varón, por supuesto), y obligan a tener muy en claro la propia posición si la mujer no quiere someterse. Provoca intenso agobio.

Ejemplo frecuente de esto es la elección del lugar de vacaciones, si a la mujer no le gusta el lugar elegido por el varón de la pareja. Es muy eficaz con mujeres que tienen un modo perceptivo o intuitivo de abordaje de la realidad.

Insistencia abusiva
Conocida como “ganar por cansancio”, consiste en obtener lo que se quiere, por agotamiento de la mujer en mantener su propia opinión, que al final acepta lo impuesto a cambio de un poco de paz.

Control del dinero
Gran cantidad de maniobras son utilizadas por el varón para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la mujer a el o dando por descontado que el hombre tiene mas derecho a ello. Algunas de ellas: no información sobre usos del dinero común, control de gastos y exigencia de detalles, retención -lo que obliga a la mujer a pedir- (Coria, 1992). Incluyo también en este apartado la negación del valor económico que supone el trabajo domestico y la crianza y el cuidado de los niños

Uso expansivo del espacio físico.
Esta práctica se apoya en la idea de que el espacio es posesión masculina, y que la mujer lo precisa poco. Así, en el ámbito hogareño, el varón invade con su ropa toda la casa, utiliza para su siesta el sillón del salón impidiendo el uso de ese espacio común, monopoliza el televisor u ocupa con las piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sientan alrededor de ella, entre otras maniobras (Guillaumin, 1992).

Efectos en la mujer:
Inhibición, desconfianza en si misma y disminución de la autoestima, lo que genera mas desbalance de poder.

Micromachismos “encubiertos”,
El varón oculta (y a veces se oculta) su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, razón por la que son mas efectivas que las anteriores. Son muy efectivos para que el varón acreciente su poder de llevar adelante “sus” razones, y son especialmente devastadores con las mujeres muy dependientes de la aprobación masculina.

Son los que atentan de modo mas eficaz contra la simetría relacionar y la autonomía femenina, por su índole insidiosa y sutil que los torna especialmente invisibles en cuanto a su intencionalidad.

Abuso de la capacidad femenina de cuidado.
Maternalizacion de la mujer. La inducción a la mujer a ‘ser para otros” es una practica que impregna el comportamiento masculino. De las múltiples caras de esta maniobra, solo nombrare algunas: pedir, fomentar o crear condiciones para que la mujer priorice sus conductas de cuidado incondicional (sobre todo hacia el mismo varón), promover que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo laboral, acoplarse al deseo de ella de un hijo, prometiendo ser un “buen padre” y desentenderse luego del cuidado de la criatura.

Requerimientos abusivos solapados: son tipos de pedidos “mudos” que apelan a aspectos “cuidadores” del rol femenino tradicional. Ejemplos comunes de estos requerimientos son los comportamientos de “aniñamiento tiránico” que utilizan los varones cuando enfrentan, así como la exigencia (generalmente no verbal) de ocuparse de la familia de el, sus amigos, y los animales que usualmente el promueve que los hijos tengan en casa.

Este tipo de maniobras, junto con la sacralización de la maternidad y la delegación de la carga domestica y la crianza de los hijos (definiéndose el varón solo como “ayudante”), son las mas frecuentes microviolencias sobre la autonomía de la mujer, al obligarla a un sobreesfuerzo vital que le impide su desarrollo personal.

Maniobras de explotación emocional
Se aprovechan de la dependencia afectiva de la mujer y su necesidad de aprobación para promover en ella dudas sobre si misma, sentimientos negativos y, por lo tanto, más dependencia. Se usan para ello dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, etcétera. De entre su amplia variedad podemos destacar: Culpar a la mujer de cualquier disfunción familiar (con la consiguiente inocentizacion del varón). Culpabilizacion del placer que la mujer siente con otras personas o situaciones donde el no este: asentada en la creencia de que la mujer solo puede disfrutar con su compañero afectivo y por el. Eleccion forzosa con maniobras del tipo de “Si no haces esto por mi es que no me quieres”. Acusación culposa no verbal frente a acciones que no le gustan al varón, pero a las cuales no se puede oponer con argumentos “racionales” (al estilo de “A mi no me importa que salgas sola”, dicho con cara de enfado).

Maniobras de desautorizacion.

  • Conducen a inferiorizar a la mujer a través de un sinnúmero de descalificaciones, que en general son consonantes con las descalificaciones que la cultura tradicional realiza, y que hacen mella en la necesidad de aprobación femenina. Entre ellas:
  • Redefinición como negativas, de cualidades o cambios positivos de la mujer.
  • Colusión (Boicot o confabulación) con terceros con los que la mujer tiene vínculos efectivos (parientes, amistades) a través del relato de historias sesgadas, secreteos, etcétera (Borrad, 1991).
  • Descalificación de cualquier trasgresión del rol tradicional.

Un gesto muy utilizado para acompañar estas maniobras es ‘la cara de perro”, que difícilmente es aceptado como propio por el varón.

Terrorismo
Se trata de comentarios descalificadotes repentinos, sorpresivos, tipo ‘bomba”, que dejan indefensa a la mujer por su carácter abrupto. Producen confusión, desorientación y parálisis. Utilizan la sospecha, la agresión y la culpabilidad. Pertenecen a este tipo los sorpresivos comentarios descalificadores del éxito femenino, resaltar la cualidad de la mujer-objeto y recordar las “tareas femeninas” con la familia, en contextos no pertinentes (Coria, 1992).

Paternalismo
En este tipo de maniobra se enmascara la posesividad y a veces el autoritarismo del varón, haciendo “por” y no “con” la mujer e intentando aniñarla. Se detecta sobre todo cuando ella se opone, y el no puede tolerar no controlarla.

Creación de falta de intimidad
Actitudes activas de alojamiento, que bloquean la puesta en juego de las necesidades relacionales de la mujer y evitan la intimidad que para el varón supone riesgo de perder poder y quedar a merced de la mujer (Weingarten, 1991):

Negación del reconocimiento.
Comportamientos de avaricia de reconocimiento de la mujer como persona y de sus necesidades, que conducen al hambre de afecto (el que, en mujeres dependientes, aumenta su dependencia). Provoca sobrevaloracion de lo poco que brinda el varón -ya que lo escaso suele vivirse como valioso- (Benard y Schiaffer, 1 990).

Silencio.
Renuencia a hablar o hablar de si, con efectos de “misteriosidad”. Su objetivo es evitar el desenmascaramiento y el control de las reglas del dialogo. Algunas de estas maniobras son: encerrarse en si mismo, no contestar, no preguntar, no escuchar, hablar por hablar sin comprometerse, etcétera (Durrant y White, 1990; Wieck 1987; Sabo 1995). Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada (e imposición del deber de ser cuidadora). Inclusión invasiva de amigos, reuniones y actividades, limitando al mínimo o haciendo dejar de existir los espacios de intimidad. A veces acompañada de la acusación a la mujer de ser “poco sociable”.

Engaños
Se desfigura la realidad al ocultar lo que no conviene que la mujer sepa, porque si no el varón puede resultar perjudicado en determinadas ventajas que no quiere perder. Pertenecen a este tipo maniobras tales como: negar lo evidente, incumplir promesas, adular, crear una red de mentiras, apelar a la desautorización de las “intuiciones” de la mujer para ocultar infidelidades.

Dan poder en tanto impiden un acceso igualitario a la información.
Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial.
Maniobras que procuran bloquear la respuesta de la mujer ante acciones e inacciones del varón que la desfavorecen. Hacen callar apelando a “otras razones”, y eludiendo la responsabilidad de la acción.

Entre ellas: Hacerse el tonto: se apela a la inconsciencia (“No me di cuenta”), a las dificultades de los varones (“Quiero cambiar, pero me cuesta”), a las obligaciones laborales (“No tengo tiempo para ocuparme de los niños”), a la torpeza, a la parálisis de la voluntad (“No pude controlarme”). Comparaciones ventajosas: se apela a que hay varones peores.

Efectos en la Mujer:

  • Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola a hacer lo que no quiere y conduciéndola en la dirección elegida por el varón.
  • Aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento “confiado”.
  • Provocan en ella sentimientos de desvalimiento, emociones acompañadas de confusión, zozobra, culpa, dudas de si, impotencia, que favorecen el descenso de la autoestima y la auto credibilidad.
  • Reacción retardada (y “exagerada”, dicen los varones) por parte de la mujer, como mal humor, frialdad o estallidos de rabia “sin motivo”.

Micromachismos de “crisis”,
Suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable desbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o perdida del poder del varón por razones físicas o laborales. El varón, al sentirse perjudicado, puede utilizar específicamente estas maniobras o utilizar las definidas anteriormente, aumentando su cantidad o su intensidad con el fin de restablecer el statu quo.

Muchas de estas acciones están naturalizadas, des-conociéndose su función al servicio de la dominación.

Seudoapoyo.
Apoyos que se enuncian sin ir acompañados de acciones cooperativas, realizados con mujeres que acrecientan su ingreso al espacio publico. Se evita con ello la oposición frontal, y no se ayuda a la mujer a repartir su carga domestica y tener mas tiempo.

Desconexión y distanciamiento.
Se utilizan diversas formas de resistencia pasiva: falta de apoyo o colaboración, conducta al acecho (no toma la iniciativa, espera y luego critica. “Yo lo hubiera hecho mejor”), amenazas de abandono o abandono real (refugiándose en el trabajo o en otra mujer “mas comprensiva”).

Hacer meritos.
Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer ser un buen hombre, ponerse seductor y atento, hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación. Se realizan modificaciones puntuales que implican ceder posiciones provisoriamente por conveniencia, sin cuestionarse la creencia errónea de la “naturalidad” de la tenencia de dicha posición.

Dar lastima.
Comportamientos autolesivos tales como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que apelan a la predisposición femenina al cuidado y le inducen a pensar que sin ella el podría terminar muy mal.

El varón exhibe aquí, manipulativamente, su invalidez para el autocuidado. W. Shakespeare ilustra, espléndidamente, las estrategias de utilización de muchas de estas maniobras en función de dominar a la mujer, restringiendo con hábiles artes su autonomía, en su obra “La fierecilla domada”. Su lectura alumbra con gran nitidez el efecto devastador de estas estrategias de dominio.

Tomado del Texto:  “Micromachismos,  La violencia invisible en la pareja”  Luis Bonino Mendez

“exageras, estás loca”… microMachismos – parte I

Comparto con ustedes unas líneas de este texto tan interesante sobre los “Micromachismos”, un tema bastante nuevo para mi, y digo nuevo en el sentido de que no lo había indentificado con facilidad en mi vida personal. Por esto les invito a que juntos, hombres y mujeres hagamos un ejercicio reflexivo y equilibrado, para que igualmente juntos/as podamos cambiar lo que sí se puede cambiar, “intentemos lo imposible”…

Tomado del texto: “Micromachismos: La violencia invisible en la pareja *Luis Bonino Mendez

Micromachismos definidos como los “mM”, conocidos como las maniobras interpersonales que realizan los varones para mantener, reafirmar, recuperar el dominio sobre las mujeres, o para resistirse al aumento de poder de ellas, o para aprovecharse de dicho poder, se muestran los efectos que por su reiteracion, ocasionan en las personas.

Para qué hablar de esto?

  • Favorecer el ejercicio autocritico de los varones sobre su ejercicio cotidiano de poder,
  • Contribuir a ampliar en las mujeres el registro perceptivo y por tanto la posibilidad de resistencia de la violencia ejercida sobre ellas.
  • Explicar el origen de muchos malestares, sobrecargas y relaciones defensivo-agresivas que al estar ignoradas su produccion interactiva, suelen atribuirse a “problemas femeninos”, culpabilizando a las mujeres e inocentizando a los varones.

Algunos Apuntes:
La cultura ha legitimado la creencia en la posicion superior del varon: el poder personal, la autoafirmacion, es el rasgo masculino por antonomasia.

La comprension de la construccion de la identidad masculina y sus modos de relacionarse se revelan como indispensables

Definir al “machismo” como los comportamientos exagerados que aluden, en el lenguaje popular, a una connotacion negativa de los comportamientos de inferiorizacion hacia la mujer.

Se trata de un amplio abanico de maniobras interpersonales que realizan los varones para intentar:

  • Mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer objeto de la maniobra;
  • Reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se “rebela” por “su” lugar en el vinculo;
  • Resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes.

Son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomia personal de la mujer, en los cuales los varones, por efecto de su socializacion de genero son expertos; socializacion que, como sabemos, esta basada en el ideal de masculinidad tradicional: autonomia; dueño de la razon, el poder y la fuerza, ser para si, y definicion de la mujer como inferior y a su servicio. A traves de ellos se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razon.

Mantener el “monopolio de la razon” y, derivado de ello, un poder moral por el que se crea un contexto inquisitorio en el que la mujer esta en principio en falta o como acusada: “exageras’ y “estas loca” son dos expresiones que reflejan claramente esto (Serra, 1993). Aun los varones mejor intencionados los realizan, porque estan fuertemente inscritos en su programa de actuacion con las mujeres. Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la “perfecta inocencia” de lo inconsciente.

Un poder importante en este sentido es el de crearse y disponer de tiempo libre a costa de la sobreutilizacion del tiempo de la mujer.

Sus mas frecuentes efectos, tales como la perpetuacion en los desbalances y disfunciones en la relacion, el deterioro en la autoestima y autonomia femeninas y el aislamiento y la consolidacion de prejuicios misoginos en el varon, se producen con denegacion de su causalidad y atribucion culposa a la mujer (uno de los micromachismos mas frecuentes)

Les invito a ver la segunda parte de este post…