los límites de la memoria

Uno de mis ensayos sobre memoria, historia e identidad…

La historia es un entramado de memorias, estas memorias son el conjunto de recuerdos de uno o varios individuos que formaron parte de una colectividad. Hallbwachs, sostiene que todos los recuerdos se inscriben dentro de marcos sociales como: la familia, religión, condición social entre otros, o a su vez en etapas de vida y eventos que marcaron un referente histórico. Parafraseando a Hallbwachs, podemos decir que la memoria necesita apoyarse de elementos explicativos fuera de ella que sustenten y expliquen lo que se narra y lo que sucedió.

En este sentido, el autor sostiene que: “Las creencias sociales, cualesquiera que sea su origen, tienen una doble condición: son tradiciones o recuerdos colectivos pero también son unas ideas o unas convenciones del conocimiento del presente”[1]. Es decir que la memoria según el marco histórico en el que sea evocada tiene implícitas condiciones del presente que se mezclan con elementos del pasado, es por esto que los grupos sociales que la reconstruyen pueden tomar u omitir aspectos constitutivos de los acontecimientos. Así: “Las ideas del presente son capaces de oponerse a los recuerdos, apartarlos y transformarlos porque las ideas son la expresión de una experiencia colectiva.”[2]. Todo esto indica que los grupos integrantes de la sociedad reconstruyen su pasado desde el presente. El autor menciona que los recuerdos son imágenes que se graban en la consciencia de los individuos, estas imágenes pueden tener múltiples matices, visiones, intereses, ocultamientos, entre otros elementos que podrían ser los condicionantes que deformen la memoria.

Haciendo referencia a Ricoeur, es evidente que el conjunto de recuerdos forman parte de una memoria, y estos recuerdos son elementos de una historia, por lo que es necesario defender la veracidad de los recuerdos en base a la necesidad de permanencia y trascendencia de una historia individual o colectiva. Ricoeur, dice que podemos referirnos al pasado “por medio de las huellas”[3], las que pueden ser las marcas de la memoria, representadas en rituales y conmemoraciones grupales. De la misma forma el testimonio es un elemento fundamental para el rescate de estas huellas porque constituye la voz de algo que pasó o de alguien que estuvo allí, porque fue visto o dicho por alguien. Al referirse a los recuerdos sostiene que: “nuestros recuerdos se presentan en forma de imágenes”[4], de ahí que el desarrollo de la imaginación puede llegar a ser cuestionable por la subjetividad implícita. Y cito a Ricoeur para explicar esto:

La imaginación está autorizada para soñar, a la memoria en cambio, se la exhorta a ser verdadera. A la imaginación le pedimos que sea creativa, inventora, libre, no coartada, en tanto que a la memoria le pedimos que represente con fidelidad, verazmente, aquello que no es, pero que alguna vez fue.”[5]

Entonces la memoria tiene una obligación de veracidad que debe ser fiel a la narración de ese recuerdo. Frente al planteamiento de Hallbwachs, de la memoria reconstruida con posibilidades de deformación y la posición de Ricoeur por la defensa de la veracidad de la memoria, me parece interesante matizar con el pensamiento de Elizabeth Jelin, quien toma en cuenta otros elementos respecto a ambas visiones, y cito:

Ubicar temporalmente a la memoria significa hacer referencia al “espacio de la experiencia” en el presente. El recuerdo del pasado está incorporado, pero de manera dinámica, ya que las experiencias incorporadas en un momento dado pueden modificarse en períodos posteriores. (…). Las experiencias se impregnan unas de otras.[6]

La memoria puede modificarse porque el hecho histórico descrito está sujeto a la experiencia personal de quien lo narra o documenta, el cual se impregna de su subjetividad. Por ende la reconstrucción estará matizada por lo que se desea o necesita recordar, por quién lo recuerda y desde donde lo hace. De la misma forma si la memoria está inscrita en marcos sociales también esta sujeta a cambios y transformaciones:

Nuevos procesos históricos, nuevas coyunturas y, escenarios sociales y políticos, además no pueden dejar de producir modificaciones en los marcos interpretativos para la comprensión de la experiencia pasada, (…), la constante transformación y cambio en actores y procesos históricos.[7]

Esto no quiere decir que no sea importante la veracidad de la memoria sino que el proceso de reconstrucción debe ser visto como un ejercicio de trabajo de la memoria, como Jelin lo plantea: “el desafío de superar las repeticiones, superar los olvidos y los abusos políticos, tomar distancia y al mismo tiempo promover el debate y la reflexión activa sobre este pasado y su sentido para el presente/futuro”[8]. La superación de la memoria es tomar en cuenta los procesos que la constituyen y no enfocarse solamente en lo documental o cuantitativo.

Ya no se trata de mirar a la memoria y el olvido desde una perspectiva puramente cognitiva, de medir cuánto y qué se recuerda o se olvida, sino de ver los “cómo” y los “cuándo”, y relacionarlos con factores emocionales y afectivos.[9]

Para la construcción de la memoria es necesario valerse de las huellas del pasado, de los registros, documentos, testimonios etc., todo en busca de la veracidad de la memoria, es decir ir más allá de lo cuantitativo. Entender y contextualizar los marcos sociales sobre los que se asentó aquella memoria y los cambios a que fueron sujetos. Sobre todo tomar en cuenta, como dice Jelin: “La diversidad de maneras de pensar el tiempo y en consecuencia, de conceptualizar la memoria”.[10]. Entonces si la memoria es evocada por uno o más individuos con múltiples visiones e intereses es importante entender que: “hay contradicciones, tensiones, silencios, conflictos, huecos, disyunciones, así como lugares de encuentro y aun “integración”. La realidad social es compleja, contradictoria, llena de tensiones y conflictos. La memoria no es una excepción”.[11]


[1] Maurice Hallbwachs, Los marcos sociales de la memoria, Barcelona, Anthropos, 2004, pp. 343

[2] Ibíd. pp.338

[3] Paul Ricoeur, “Definición de la memoria desde un punto de vista filosófico” en Varios, ¿Por qué recordar?, Barcelona, Granica, 2002, pp.24

[4] Ibíd… pp.25

[5] Ibíd… pp.26

[6] Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria, Madrid, Siglo Veintiuno, 2002, pp.13

[7] Ibíd… pp.13

[8] Ibíd.… pp.16

[9] Ibíd.…pp.19

[10] Ibíd.…pp.23

[11] Ibíd.…pp.37