el límite es el cielo…

Que me tilden de fanática, infantil o de lo que quieran, no sé si me importa mucho porque después de lo que viví ayer no puedo dejar de escribir algo del cúmulo de emociones que todavía me envuelven.

Por un instante quisiera invitarlos a recordar esos instantes de su juventud, aquella tierna adolescencia llena rostros y sonidos que ahora son solo nostalgia. Esa época que de la forma en que haya sido tuvo su buena cuota de felicidad, a la que nosotros tal vez no reconocimos como tal. Aquella época en la que la música, los amigos y los pasatiempos eran más importantes que cualquier otra cosa, los recuerdos de los lugares donde reíamos con los amigos durante horas, hablando de nada y compartiendo de los enormes problemas que nos abrumaban en aquellas épocas…

Y los años han pasado quitándonos de a poco las vendas de la inocencia y de las ilusiones que nos cubrían los ojos en aquellos días, tal vez el sistema nos ha hecho más apáticos, menos emotivos, queriendo buscarle a todo una razón olvidando los “sin razón” que antes nos llenaban la vida. Quizás esa forma de “amar” y admirar a alguien sea parte del consumo o quizás sea una forma de representar los ideales de determinada época o también sea parte de todo lo que ahora llamamos identidad…

Vienen a mi mente las canciones, las voces, el brillo de los ojos, los gritos y la emoción por mis cantantes favoritos, pero también el recuerdo de una de mis mejores amigas con quien viví todo esto. Ella que fue casi como mi hermana, más que una amiga, fue mi eterna confidente, con la que crecimos soñando en algún día poder conocerlos en persona, estar cerca de ellos, tocar sus manos, mirar sus ojos de cerca, eran nuestros eternos imposibles. Tantas anécdotas por contar y tantas historias paralelas al ritmo de estas canciones que no dejan de llenarme de alegría y de unas pocas lágrimas también.

Ha pasado mucho después de mis 17 años, y al parecer los sueños se hacen realidad, es como si el destino se confabulara para pagarte los abonos de tus sueños pendientes, como si alguien supiera que ciertas cosas que se quedaron ancladas en tu alma deben cumplirse, solo para que seas feliz. Y llegó el día en el que pude conocerlos, abrazarlos, mirar sus ojos y conversar un poco de como pasó la vida también para ellos, qué instante tan mágico ese!, irrepetible…

Y ahora me quedo con el recuerdo de mi amiga, con esos ojos que al fin pude mirar y con la certeza de que el único límite siempre será el cielo…

Contraportada del disco: "Los Primera" (Servando y Florentino) 1998

 

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