como halo protector…

Ayer tuvimos nuestra segunda sesión de un curso del que les contaré más adelante. Y aunque yo estaba hipersensible por varias circunstancias y me sentía irritada y triste, logré con esfuerzo contener las lágrimas, no me pregunten por qué quería llorar porque ni yo misma lo sé, asumamos que fue uno de esos días que no tienen explicación.

Finalmente llegamos y comenzamos a hablar, de cómo estábamos, de lo que queremos, de quienes somos y pocas veces en mi vida me he sentido tan confrontada conmigo misma, con mis temores y mis aciertos, confieso que en un momento de la conversación me perdí por un segundo y recordé la metáfora del “cuarto oscuro” de nuestra mente,  – ese lugar que se supone tenemos todos-  donde están esas cosas de las que queremos huir,  de las que tenemos miedo o que quizás nos causan profunda tristeza y frustración. Es ese lugar lleno de nombres, lugares, olores e historias , es el lugar al que casi a nadie dejamos entrar. Me imaginé entrando ahí otra vez, lentamente, abriendo la puerta hacia un lugar sin luz, pero extrañamente no sentí el miedo que sentía hace años, esta vez dejé la puerta abierta para que otros pudiesen entrar.

Pude pensar sobre las diferencias entre nosotros, en todas las historias que hacen nuestra vida, en las huellas del pasado que nos hacen lo que somos ahora. Pensé en la confianza a toda prueba, en la hermandad y la compañía, en la afirmación, el apoyo y el respeto mutuo como pilares en la vida de quienes desean imaginar un camino juntos.

Mientras miraba sus ojos y escuchaba sus palabras, pensaba en la forma en que la vida preparó este momento para ambos, quién lo hubiese imaginado, después de toda la lluvia que cayó sobre nosotros, creo que aprendimos a bailar con ella también. Todo esto me anima, me desafía, me renueva y me alegra contar con la misma medida de amor, confianza, respeto y cariño, siempre y para lo que sea. Me alegra su mano junto a la mía en el frío y bajo el sol, me alienta su brazo alrededor de mi cuerpo y su corazón que me arrulla cuando quiero llorar.

Luego de casi dos horas, nos dijo, que entre nosotros había una especie de Halo, – algo como una luz o como se le quiera llamar, que nos rodea y nos hace cómplices y  amigos, un Halo de solidaridad y afecto profundo, de una admiración entrañable por quién es el otro, por lo que es y hace, por el reconocimiento de su experiencia e historia de vida. Y que quizás el poema hecho canción “Te quiero” de Benedetti sea lo más cercano a lo que ustedes son: “mucho más que dos…”

 

TE QUIERO

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

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