Nicaragua fugaz…

Vista del Mar Caribe desde Bilwi - Puerto Cabezas

Sería absurdo pensar que los lugares no dejan huellas en nosotros, así como las personas, las circunstancias y las cosas. Es indudable así mismo que los lugares nos transforman, nos dejan ver cosas que jamás pudimos siquiera imaginar. Y aunque las preguntas sean las mismas como, a dónde iré?, que rostros miraré?, que sabores y olores probaré?, y quizás la pregunta más esperada, cuando regresaré?, nos dejan saber que estar en otro lugar nos trae un sinfín de cuestionamientos.

Debo confesar que este viaje para mí fue una experiencia muy distinta desde el principio, quizás porque el desafío laboral que me esperaba era muy grande o porque me estresé demasiado. De lo que sí estoy segura es de que no siempre estoy lista a alejarme de lo que quiero y tampoco sé si mi cuerpo está listo para tantas emociones y sabores diferentes.

Esta vez tuve que luchar más con mi intolerancia, con mi poca comprensión de las cosas que no salen siempre como yo quisiera, con los tiempos, las distancias y hasta con el clima. No sé en que parte del camino olvidé que las dinámicas en otros espacios siempre son otras, los tiempos son otros, las reacciones son distintas, la gente es diferente. Todo esto hace que los planes deban cambiarse o adaptarse a las nuevas circunstancias, lo cual no siempre es del todo fácil, pero se intenta, la vida es un intento contínuo…

Bilwi -Puerto Cabezas

No pensé que alguna vez iba a estar en Nicaragua, había leído y escuchado mucho de su historia política, de esa peculiaridad de estar en la mitad de dos océanos, de la calidez de su gente y un poco más. Pero tampoco pensé llegar tan lejos, a la esquina de Nicaragua tal vez, Bilwi – Puerto Cabezas, un lugar hermoso y distante del bullicio de cualquier gran ciudad.

El calor y la brisa de mar aliviaron la tensión que tenía por el peculiar viaje en avioneta. Creo que hasta ahora no puedo dejar de conmoverme al ver a hombres y mujeres tan comprometidos con sus comunidades, con sus radios, es gente que cree que trabajar por educar para mejorar la calidad de vida de su gente, es algo que todavía vale la pena. Cuando miro el rostro de los compañeros indígenas no puedo dejar de cuestionarme tantas cosas, como las enormes diferencias del mundo de las comunidades frente a las grandes ciudades y el desmedido consumo y materialismo que las envuelve. Pienso en las múltiples carencias de estas personas, como agua, energía eléctrica, caminos vecinales, salud, educación etc. También pienso en sus enormes riquezas, su cultura y su forma de ver y de “sobrevivir” tal vez,  en su mundo. Y aun no sé quienes son o somos los desarrollados y quienes son los que carecen de desarrollo, si ellos o nosotros, no sé todavía que es el desarrollo, si es ayuda o paliativo u otra forma de invasión, no lo sé.

En este cruce de historias me encontré con una gran mujer, hija de la revolución, llena de ideas, propuestas y respuestas, para lograr cambios y alianzas, una mujer admirable sin duda, un ejemplo inspirador de trabajo y pasión.

Creo que estoy en un cambio de estación en mi vida, he cumplido 29 años y las cosas no dejan de sorprenderme, tal vez esto sea bueno para que no me canse de aprender y también para que pueda dar un poco más y con más generosidad. Este tiempo me vino bien a pesar de todas mis inconformidades, he podido pensar más sobre el valor de las cosas, de la compañía de la gente que amo, de la necesidad de recurrir a lo sencillo y amarlo en una mayor dimensión y pensar que siempre hay un fin superior y que el camino no tiene por qué ser tan complicado para llegar a lo que siempre se esperó.

Agradezco a Dios por estas pausas en mi vida, espacios necesarios para abandonarme en sus brazos, para reconocerlo en los rostros de la gente, escucharlo en el mar, mirar sus ojos en el sol que se oculta entre las nubes y sentir su cuidado al anochecer.

Mis notas de viaje:
•    Demasiadas horas de vuelo he tomado 8 aviones en total – esto no contribuye al medio ambiente –
•    Ir en una avioneta de “La Costeña”, por la Costa Caribe – si el clima nos ayuda – es tremendo, como ir en una bicicleta por camino empedrado, aunque la sensación de vacío es espantosa desde el aire.
•    Nada más hermoso que ver el Océano Atlántico desde las alturas, las olas, los vientos, el mar – mi lugar favorito –
•    Muy recomendable probar el Ceviche Peruano, si se pasa por el aeropuerto de Lima.
•    Probar el “Guaul” Nicaragüense (bebida de plátano, queso y leche de coco, es como tomarse un pastel), delicioso.
•    Importante recordar que la dieta en Centroamérica está basada en fréjol (frijol), y muchas frituras.
•    Gastos estimados (Sept 2010), Tickets aéreos $950 (TACA – El monopolio en Centroamérica). Alojamiento en Managua $35.00 (por noche en promedio), cotización: Moneda – Córdobas Cs//21.53 x $1 dólar americano (el dólar es aceptado como moneda alterna). Un almuerzo puede costar entre Cs/80 y 180 (4 y 12 dólares). La artesanías son baratas.
•    “Tinqui pali” =  Muchas gracias en idioma Mizquito (propio de las comunidades indígenas de Nicaragua)

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