apuntes sobre neomachismos…

Revisemos algunos apuntes sobre los Neo-Machismos

Imaginemos una situación de una relación de un hombre y una mujer, en la que alguien se voltea y dice “Estás siendo demasiado emotivo/a, ya no quiero seguir con esta conversación hasta que lo calmes y podamos hablar de esto en forma racional”. Quién dice esto en la familia? Esta situación resulta todo un tema en las relaciones personales, se podría analizar psicológicamente como un asunto de personalidades. Pero la teoría social nos ayuda a superar esta personalización, porque reconocemos una relación de poder que se está ejerciendo ahí. Cuando de esta manera dejo en silencio a mi pareja, puedo sentir el respaldo de toda la sociedad. Porque al decirle que es irracional, le estoy diciendo “no tienes derecho a hablar”, le estoy diciendo que las emociones y que los sentimientos son poco o nada razonables y que por lo tanto, no son fuente de conocimiento.

Lo que tiene consecuencias muy profundas, porque refuerza nuestra concepción del conocimiento objetivo y establece una relación entre los géneros con base en el poder. Además, es una de las responsabilidades de los hombres el disciplinar y hacer que sus parejas entren al orden, porque “saben” que ellas son irracionales. Este proceso se vuelve parte de la legitimación de la violencia doméstica, pero también se vuelve parte de la legitimación de una violencia que no se nombra nunca. Es parte de una miseria privada que no puede ser expresada y escuchada.

Apenas recientemente algunos teóricos de la filosofía y la teoría social han empezado a considerar las implicaciones de ese sufrimiento y de ese silencio, pero sabemos que se basa profundamente en las concepciones dominantes de la masculinidad.

Debemos repensar que el lenguaje está basado en el género y que los hombres y las mujeres crecen con relaciones diferentes a su lenguaje.

Un tema para ser estudiado cuidadosamente reside en cómo aprendemos a escuchar y cómo aprendemos a hablar, cómo es que los hombres en particular desarrollamos una relación en la cual lo que es importante es el hablar y lo que es difícil es el escuchar. A veces escuchamos, pero nada más para poder hablar.

Hemos notado cuando le preguntamos a un hombre sobre qué siente y nos contesta lo que piensa, sin tomar en cuenta que nuestras más profundas creencias están relacionadas con nuestros sentimientos más profundos.

Mitos
Probablemente para los niños y las niñas a diferente edad, pero posiblemente a los 8 o 9 años, de repente existe un cierto miedo hacia el excesivo acercamiento entre los hijos y padres, porque temen que la emoción se pueda
relacionar con la homosexualidad. Así, hay una sensación de que el padre tiene que involucrarse en la disciplina del niño, lo cual implica una separación entre el niño y su padre a una edad específica del primero.

Con las niñas, sucede en distintas formas debido a que se teme que esta relación se vuelva sexual en el momento en que el padre se siente intranquilo al tener a su hija sentada sobre las piernas. Así, hay un cambio en la relación y un movimiento mediante el cual encontramos que la estructura de la masculinidad asume una forma cultural que tiene que ser analizada cuidadosamente

Asimismo, el hombre siempre ha debido demostrar a la mujer no solo fortaleza física por su apariencia y figura corporal, sino por su resistencia a los desafíos de la vida y por su capacidad para enfrentar responsabilidades y aprovechar oportunidades. Por otra parte, los hombres suelen mostrar a las mujeres urgencia por hacerlas sentir bien desde el punto de vista sexo-erótico. Se manifiestan además seductores, polígamos (muchas mujeres a la vez) y hacen gala de un desempeño sexual exitoso

Los hombres incorporan hábitos sociales como el consumo de tabaco, alcohol y drogas, que luego exhiben ante sus iguales como un terreno que promueve sobrevaloraciones de la hombría. Otro aspecto interesante es no mostrar actitudes afectivas, cariñosas o amables hacia otros hombres, porque en caso contrario provocarían la censura social por desviarse de la opción heterosexual y los expondrían a la burla, el rechazo y la marginación.

El modelo dominante hace que los varones desarrollen temor a la crítica social conduce a asumir actitudes individualistas, egoístas y autodestructivas en sus relaciones con el mundo.

Los hombres y las relaciones de pareja
Los hombres y las mujeres interactúan regularmente durante diferentes momentos de su existencia, y esto deja huellas profundas en sus vidas e identidades, por eso algunos hombres perciben y construyen sus identidades masculinas a partir de las comparaciones que hacen con las identidades femeninas.

Los varones tienen un registro bajo de su esfera emotiva y sentimental, esto hace que desarrollen un estilo de comunicación en el cual los hechos suelen prevalecer sobre las palabras, las promesas y las expresiones afectivas. Las mujeres, por su parte, están más atentas a lo que los hombres les ofrecen y reclaman de ellos algo más que hechos y acciones. Aquí aparece una de las principales fuentes de conflicto en la pareja.

Al considerar al hombre como proveedor, protector y responsable de mantener la especie, se generó en ellos un sentimiento de seguridad y equilibrio, que no los comprometía con un rol amoroso, afectivo y tierno. El patriarca encarnaba la ley, la autoridad y la mano dura.

Muchos trabajos sobre paternidad, de hace algunos años, demostraron que la noticia de ser padres en numerosos hombres transitaba de la angustia al gusto, de la negación a la aceptación, del desagrado al agrado, del pánico al placer, y se vivenciaba como un período de confusión y de difícil asimilación. Asumirse como padres significaba, de alguna manera, incluir en sus planes personales la responsabilidad de criar y cuidar a aquellas hijas e hijos que creó junto a su
pareja.

Supuestos importantes del machismo1 recayó durante años en sencillas expresiones por parte de los hombres como estas: “Yo sé que ella quiere un hijo mío.” “Un hijo es el mejor regalo que se le puede dar a una mujer.” “Le he dado lo que más quiere: un hijo”, con lo cual se infería que era ella quien se realizaba al tener descendencia, y lo fundamental para ellos era aportar la semilla para la continuidad del nombre y la especie. Parecía como si ese pretexto diera el permiso a los hombres para excusarse, tranquilizarse y atenuar su culpa cuando no cumplían con algunas de las otras funciones del rol.

Los pasos de los hombres hacia nuevas realidades y el avance de los tiempos han podido demostrar que ese estigma del padre proveedor y cajero puede transformarse en el de un padre que responde desde su historia y construye historia con la familia, los hijos e hijas, al derivar en una figura presente no solo en lo físico, sino también en lo emocional. Esto no lo exime de sus responsabilidades de proveedor junto a la madre, solo redimensiona su responsabilidad afectiva y vincular.

Es preciso leer la autoridad paterna desde una visión, un saber y una experiencia diferente, pero no desde la necesidad de control absoluto, sino desde la dimensión de padre pedagógico que educa, acompaña, acoge, protege, motiva y respalda desde su voz.

Hay algo que no podemos dejar de ver, y considero de gran importancia en la construcción de estereotipos masculinos. Anteriormente me refería al estatus quo de las masculinidades, ya que estas no solo han sido construidas y reproducidas por el hombre, las mujeres también han sido transversalizadas en ellas. Muchas de nuestras féminas en la familia, al nacer un hijo varón, al referirse a su futura conducta en la sociedad, la primera imagen que le construyen a este sujeto sexuado es la de tener que ser como su padre. El niño desde sus primeros pasos ya tiene introyectado en su inconsciente de qué forma debe proyectarse ante la sociedad como masculino, por lo cual va a repetir las conductas de aquel a quien le dicen que debe ser. Si bien la crianza de los hijos queda a manos de la mujer por los roles que le fueron otorgado, y el hombre requiere de menos tiempos en la crianza del mismo ya que éste debe buscar el sustento
familiar, lo cual le impide una paternidad igualitaria, nos preguntaríamos, el porqué si pasamos más tiempo con nuestras madres que con nuestros padres, aún así seguimos reproduciendo las conductas masculinas? Ahí deviene la respuesta de que las mujeres son un eslabón importante en reproducir e inculcar a sus descendientes las masculinidades y sus correspondientes roles.

***
Mecanismos psicopáticos. Cuanto más encubierto e invisibilizado sea el micromachismo, más peligrosamente desapercibido resulta el efecto. En psicoanálisis, se los llama “mecanismos psicopáticos” a esas telarañas en que las mujeres quedan entrampadas: abuso de la capacidad femenina de cuidado, maniobras de explotación emocional, negación del reconocimiento, desautorizaciones o inexplicables imposiciones de silencio.

Luis Leñero acuña el término del “neomachismo” para mostrar cambios en las actitudes masculinas ante la planificación familiar. Estos hombres, instalados en una especie de “machismo light” ya no ejercen (o ya no pueden ejercer) el patriarcado como lo hicieron sus padres y abuelos: ya negocian más las decisiones y “permiten” que trabaje la mujer fuera de casa (aunque prefieren que ella no gane más que ellos), pero mantienen un marco de referencia con un claro encuadre machista.

Este “neomachismo” parece corresponder muy cercanamente al tipo de familia donde ya se negocia que Shmukler describe en las áreas urbanas de Argentina y que uno puede encontrar en áreas similares en ciudades de Latinoamérica Son hombres que se ven enfrentados con una pareja que ya se ha separado anteriormente, que tiene trabajo remunerado y/o participa en organizaciones sociales. En estas condiciones el hombre se ve en la necesidad de negociar o de correr el riesgo de perder a su pareja. Las mujeres en estas familias, anota Schmuckler, tienden a seguir manejando el discurso tradicional sobre las relaciones familiares y de género, pero han avanzado hacia una “consciencia práctica” que les permite una mayor cuota de poder y relaciones menos inequitativas comparado con las familias con estructura francamente autoritaria. 36

Una variante mas progre del neomachismo es el hombre machista-leninista, con un discurso igualitario de avanzada combinada con una práctica de género muuy rezagada. Este personaje está muy bien descrito en la exitosa obra de teatro mexicana llamada “Entre Villa y una mujer desnuda” (de Sabina Berman). También está caracterizado en los testimonios en los que mujeres militantes comparten los agudos cambios que se dan en su participación a partir de la aparición de su primer hijo. Su maternidad inmediatamente se convierte en obstáculo para mantener participación política, mientras la paternidad para su compañero no se constituye en obstáculo alguno.

Tomado del texto:

“Herramientas teórico prácticas para la comprensión del Comportamiento masculino y el trabajo con hombres desde una Perspectiva de género”. Convocado por La Campaña Lazo Blanco Argentina – Uruguay con la colaboración de la Asoc. Civil “Pablo Besson” 2010, Tema IV. Las nuevas masculinidades.

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Un comentario

  1. hola Mónica, gracias por estos textos enriquecedores, estoy de acuerdo, casi en todo, al fin no la ponen a la mujer como única víctima. Mi cerebro no asimila que algún hombre no quiera que su esposa gane mas, yo estubiera contento y orgulloso de vivir con una mujer mejor remunerada. Paralelamente deberían poner mas énfasis en los hijos. Unicos víctimas del libertinaje femenino y del machismo. hay cosas como el consumo de tabaco y alcohol, ahora justamente por querer ser liberadas consumen eso, para mala suerte varias mujeres han copiado los vicios masculinos. Pienso que hemos vivido ambientes muy diferentes. Ojalá algún rato hagan algún taller acá en Cuneca y asistir, para seguir aprendiendo. Gracias por su atención.

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