nosotras no tenemos la culpa… microMachismos – Parte II

Quizás estas descripciones animen al lector a ir develando otras, de las cuales impensadamente (o no) es sujeto u objeto. La efectividad de todas estas maniobras, junto a la falta de autoafirmacion de la mujer, forman una explosiva mezcla con negativos efectos relacionales: mujeres muchas veces enormemente deterioradas en su autonomía y varones con aislamiento emocional progresivo y creciente desconfianza en la mujer, a quien nunca terminan de poder someter plenamente.

Si bien hemos tenido en mente la clasificación a la pareja conyugal, muchas de estas maniobras son igualmente realizadas en el ámbito familiar con las propias hijas y madres. Quizás esta larga clasificación pueda provocar alivios y rechazos. Como en todo tema que se devela, suele ser mas frecuente que sientan alivio aquellos a quienes la invisibilizacion los desfavorecía, y rechazo quienes se sentían favorecidos por dicha invisibilizacion.

Tolerar la visibilizacion no es tarea fácil. No muchas mujeres, pese a entender maniobras en que se ven involucradas, soportan el reconocimiento de su propia subordinación (Dio Bleichniar, 1992).

Pocos varones, pese a reconocerse en este listado, están dispuestos a aceptar, a pesar de sus cambios, lo que en ellos aun permanece de la atávica dominancia masculina (Brittan, 1989).

Pero la transformación se basa en esos dolorosos reconocimientos y aceptaciones. Seria un error que de esta clasificación se dedujera la “maldad” de los varones. Solo he intentado describir comportamientos de los que ellos si son responsables, de los que las mujeres no son responsables y que solo a ellos les cabe intentar modificar si desean relaciones igualitarias y cooperativas con las mujeres.

Micromachismos “Coercitivos”,

El varón usa la fuerza moral, psíquica, económica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer sin la razón de su parte. Ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota posterior al comprobar la perdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones.

Intimidación
Maniobra atemorizante que se ejerce cuando ya se tiene fama (real o fantaseada) de abusivo o agresivo. Se dan indicios de que si no se obedece, ‘algo” podrá pasar. Implica un arte en el que la mirada, el tono de voz, la postura y cualquier otro indicador verbal o gestual pueden servir para atemorizar. Para hacerla creíble, es necesario, cada tanto, ejercer alguna muestra de poder abusivo físico, sexual o económico, para recordarle a la mujer que le puede pasar si no se somete.

Toma repentina del mando.
Ejercicio mas o menos sorpresivo de anulación o no tenida en cuenta de las decisiones de la mujer basada en la creencia del varón de que el es el único que toma decisiones. Ejemplos de esta maniobra son: tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan, monopolizar, etcétera.
El cortocircuito es un tipo especial de esta maniobra- consiste en tomar decisiones sin contar con la mujer, en situaciones que la involucran y en las que es difícil negarse- invitaciones a último momento de personas importantes: jefes. parientes, etcétera- (Piaget, 1993).

Apelación al argumento lógico.

Se recurre a la lógica (varonil) y a la “razón” para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables a la mujer. Utilizada por varones que suponen que tienen la ‘única” razón o que la suya es la mejor. No tienen en cuenta los sentimientos ni las alternativas y suponen que exponer su argumento les da derecho a salirse con la suya. No se cesa de utilizar hasta que se dan lógicas razones (las del varón, por supuesto), y obligan a tener muy en claro la propia posición si la mujer no quiere someterse. Provoca intenso agobio.

Ejemplo frecuente de esto es la elección del lugar de vacaciones, si a la mujer no le gusta el lugar elegido por el varón de la pareja. Es muy eficaz con mujeres que tienen un modo perceptivo o intuitivo de abordaje de la realidad.

Insistencia abusiva
Conocida como “ganar por cansancio”, consiste en obtener lo que se quiere, por agotamiento de la mujer en mantener su propia opinión, que al final acepta lo impuesto a cambio de un poco de paz.

Control del dinero
Gran cantidad de maniobras son utilizadas por el varón para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la mujer a el o dando por descontado que el hombre tiene mas derecho a ello. Algunas de ellas: no información sobre usos del dinero común, control de gastos y exigencia de detalles, retención -lo que obliga a la mujer a pedir- (Coria, 1992). Incluyo también en este apartado la negación del valor económico que supone el trabajo domestico y la crianza y el cuidado de los niños

Uso expansivo del espacio físico.
Esta práctica se apoya en la idea de que el espacio es posesión masculina, y que la mujer lo precisa poco. Así, en el ámbito hogareño, el varón invade con su ropa toda la casa, utiliza para su siesta el sillón del salón impidiendo el uso de ese espacio común, monopoliza el televisor u ocupa con las piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sientan alrededor de ella, entre otras maniobras (Guillaumin, 1992).

Efectos en la mujer:
Inhibición, desconfianza en si misma y disminución de la autoestima, lo que genera mas desbalance de poder.

Micromachismos “encubiertos”,
El varón oculta (y a veces se oculta) su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, razón por la que son mas efectivas que las anteriores. Son muy efectivos para que el varón acreciente su poder de llevar adelante “sus” razones, y son especialmente devastadores con las mujeres muy dependientes de la aprobación masculina.

Son los que atentan de modo mas eficaz contra la simetría relacionar y la autonomía femenina, por su índole insidiosa y sutil que los torna especialmente invisibles en cuanto a su intencionalidad.

Abuso de la capacidad femenina de cuidado.
Maternalizacion de la mujer. La inducción a la mujer a ‘ser para otros” es una practica que impregna el comportamiento masculino. De las múltiples caras de esta maniobra, solo nombrare algunas: pedir, fomentar o crear condiciones para que la mujer priorice sus conductas de cuidado incondicional (sobre todo hacia el mismo varón), promover que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo laboral, acoplarse al deseo de ella de un hijo, prometiendo ser un “buen padre” y desentenderse luego del cuidado de la criatura.

Requerimientos abusivos solapados: son tipos de pedidos “mudos” que apelan a aspectos “cuidadores” del rol femenino tradicional. Ejemplos comunes de estos requerimientos son los comportamientos de “aniñamiento tiránico” que utilizan los varones cuando enfrentan, así como la exigencia (generalmente no verbal) de ocuparse de la familia de el, sus amigos, y los animales que usualmente el promueve que los hijos tengan en casa.

Este tipo de maniobras, junto con la sacralización de la maternidad y la delegación de la carga domestica y la crianza de los hijos (definiéndose el varón solo como “ayudante”), son las mas frecuentes microviolencias sobre la autonomía de la mujer, al obligarla a un sobreesfuerzo vital que le impide su desarrollo personal.

Maniobras de explotación emocional
Se aprovechan de la dependencia afectiva de la mujer y su necesidad de aprobación para promover en ella dudas sobre si misma, sentimientos negativos y, por lo tanto, más dependencia. Se usan para ello dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, etcétera. De entre su amplia variedad podemos destacar: Culpar a la mujer de cualquier disfunción familiar (con la consiguiente inocentizacion del varón). Culpabilizacion del placer que la mujer siente con otras personas o situaciones donde el no este: asentada en la creencia de que la mujer solo puede disfrutar con su compañero afectivo y por el. Eleccion forzosa con maniobras del tipo de “Si no haces esto por mi es que no me quieres”. Acusación culposa no verbal frente a acciones que no le gustan al varón, pero a las cuales no se puede oponer con argumentos “racionales” (al estilo de “A mi no me importa que salgas sola”, dicho con cara de enfado).

Maniobras de desautorizacion.

  • Conducen a inferiorizar a la mujer a través de un sinnúmero de descalificaciones, que en general son consonantes con las descalificaciones que la cultura tradicional realiza, y que hacen mella en la necesidad de aprobación femenina. Entre ellas:
  • Redefinición como negativas, de cualidades o cambios positivos de la mujer.
  • Colusión (Boicot o confabulación) con terceros con los que la mujer tiene vínculos efectivos (parientes, amistades) a través del relato de historias sesgadas, secreteos, etcétera (Borrad, 1991).
  • Descalificación de cualquier trasgresión del rol tradicional.

Un gesto muy utilizado para acompañar estas maniobras es ‘la cara de perro”, que difícilmente es aceptado como propio por el varón.

Terrorismo
Se trata de comentarios descalificadotes repentinos, sorpresivos, tipo ‘bomba”, que dejan indefensa a la mujer por su carácter abrupto. Producen confusión, desorientación y parálisis. Utilizan la sospecha, la agresión y la culpabilidad. Pertenecen a este tipo los sorpresivos comentarios descalificadores del éxito femenino, resaltar la cualidad de la mujer-objeto y recordar las “tareas femeninas” con la familia, en contextos no pertinentes (Coria, 1992).

Paternalismo
En este tipo de maniobra se enmascara la posesividad y a veces el autoritarismo del varón, haciendo “por” y no “con” la mujer e intentando aniñarla. Se detecta sobre todo cuando ella se opone, y el no puede tolerar no controlarla.

Creación de falta de intimidad
Actitudes activas de alojamiento, que bloquean la puesta en juego de las necesidades relacionales de la mujer y evitan la intimidad que para el varón supone riesgo de perder poder y quedar a merced de la mujer (Weingarten, 1991):

Negación del reconocimiento.
Comportamientos de avaricia de reconocimiento de la mujer como persona y de sus necesidades, que conducen al hambre de afecto (el que, en mujeres dependientes, aumenta su dependencia). Provoca sobrevaloracion de lo poco que brinda el varón -ya que lo escaso suele vivirse como valioso- (Benard y Schiaffer, 1 990).

Silencio.
Renuencia a hablar o hablar de si, con efectos de “misteriosidad”. Su objetivo es evitar el desenmascaramiento y el control de las reglas del dialogo. Algunas de estas maniobras son: encerrarse en si mismo, no contestar, no preguntar, no escuchar, hablar por hablar sin comprometerse, etcétera (Durrant y White, 1990; Wieck 1987; Sabo 1995). Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada (e imposición del deber de ser cuidadora). Inclusión invasiva de amigos, reuniones y actividades, limitando al mínimo o haciendo dejar de existir los espacios de intimidad. A veces acompañada de la acusación a la mujer de ser “poco sociable”.

Engaños
Se desfigura la realidad al ocultar lo que no conviene que la mujer sepa, porque si no el varón puede resultar perjudicado en determinadas ventajas que no quiere perder. Pertenecen a este tipo maniobras tales como: negar lo evidente, incumplir promesas, adular, crear una red de mentiras, apelar a la desautorización de las “intuiciones” de la mujer para ocultar infidelidades.

Dan poder en tanto impiden un acceso igualitario a la información.
Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial.
Maniobras que procuran bloquear la respuesta de la mujer ante acciones e inacciones del varón que la desfavorecen. Hacen callar apelando a “otras razones”, y eludiendo la responsabilidad de la acción.

Entre ellas: Hacerse el tonto: se apela a la inconsciencia (“No me di cuenta”), a las dificultades de los varones (“Quiero cambiar, pero me cuesta”), a las obligaciones laborales (“No tengo tiempo para ocuparme de los niños”), a la torpeza, a la parálisis de la voluntad (“No pude controlarme”). Comparaciones ventajosas: se apela a que hay varones peores.

Efectos en la Mujer:

  • Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola a hacer lo que no quiere y conduciéndola en la dirección elegida por el varón.
  • Aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento “confiado”.
  • Provocan en ella sentimientos de desvalimiento, emociones acompañadas de confusión, zozobra, culpa, dudas de si, impotencia, que favorecen el descenso de la autoestima y la auto credibilidad.
  • Reacción retardada (y “exagerada”, dicen los varones) por parte de la mujer, como mal humor, frialdad o estallidos de rabia “sin motivo”.

Micromachismos de “crisis”,
Suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable desbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o perdida del poder del varón por razones físicas o laborales. El varón, al sentirse perjudicado, puede utilizar específicamente estas maniobras o utilizar las definidas anteriormente, aumentando su cantidad o su intensidad con el fin de restablecer el statu quo.

Muchas de estas acciones están naturalizadas, des-conociéndose su función al servicio de la dominación.

Seudoapoyo.
Apoyos que se enuncian sin ir acompañados de acciones cooperativas, realizados con mujeres que acrecientan su ingreso al espacio publico. Se evita con ello la oposición frontal, y no se ayuda a la mujer a repartir su carga domestica y tener mas tiempo.

Desconexión y distanciamiento.
Se utilizan diversas formas de resistencia pasiva: falta de apoyo o colaboración, conducta al acecho (no toma la iniciativa, espera y luego critica. “Yo lo hubiera hecho mejor”), amenazas de abandono o abandono real (refugiándose en el trabajo o en otra mujer “mas comprensiva”).

Hacer meritos.
Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer ser un buen hombre, ponerse seductor y atento, hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación. Se realizan modificaciones puntuales que implican ceder posiciones provisoriamente por conveniencia, sin cuestionarse la creencia errónea de la “naturalidad” de la tenencia de dicha posición.

Dar lastima.
Comportamientos autolesivos tales como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que apelan a la predisposición femenina al cuidado y le inducen a pensar que sin ella el podría terminar muy mal.

El varón exhibe aquí, manipulativamente, su invalidez para el autocuidado. W. Shakespeare ilustra, espléndidamente, las estrategias de utilización de muchas de estas maniobras en función de dominar a la mujer, restringiendo con hábiles artes su autonomía, en su obra “La fierecilla domada”. Su lectura alumbra con gran nitidez el efecto devastador de estas estrategias de dominio.

Tomado del Texto:  “Micromachismos,  La violencia invisible en la pareja”  Luis Bonino Mendez

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