Guatemala para recordar…

Pocos lugares en la tierra generan tanta conmoción cuando se los visita, quizás sea por la particularidad del paisaje, del aire y de los aromas, quizás sean los sabores y las brisas, quizás sea su gente.

Este ha sido uno de esos viajes de los que puedo decir que hubo un antes y un después, un antes lleno de expectativas y un poco de tensión por la gran responsabilidad asignada y un después lleno de sorpresas y gratos recuerdos que regresaron conmigo. Esta vez la nostalgia fue menor, quizás porque me estoy acostumbrando a esto de estar lejos y cerca varias veces, o también porque tenía la certeza de que todo aquí o allá siempre estaba en manos de Dios. Que interesante frase no?

Guatemala había sido un misterio para mí, no sólo por lo que ya sabía de mucha gente cercana viviendo allá, sino también por las historias que había leído sobre ese país, su cultura, su gente y los problemas de las mujeres, muy similares a los del resto de América Latina. Creo que por eso fui bastante condicionada a buscar esos rostros y esas historias de las mujeres y no sólo sus desdichas sino también sus alegrías, y me encontré con varias mujeres brillantes, serenas, inteligentes, calladas, sinceras, mujeres que detrás de los colores de sus vestidos conservan con celo sus orígenes y los reivindican, los transforman con sus experiencias de vida, destacando siempre. Mujeres madres, comunicadoras, adolescentes, profesionales y más, que poco a poco se han abierto paso en este mundo hecho por hombres y para hombres. No dejan de sorprenderme las historias y las frases que sin reparo alguno siguen vigentes en la vida cotidiana: “no camines sola”, “no seas infiel”, “las mujeres no merecen herencia”, “tú no decides cuantos hijos tener” y tantas otras más que me causan dolor…

Pero también me encontré con hombres que con miedo van reconociendo sus errores históricos, esas herencias de machismo que ellos no pidieron. Me llamó la atención una frase de un compañero periodista que hacía referencia a los personajes de una dramatización, diciendo que una mujer en el papel de guardia de frontera no resultaba creíble porque no hay mujeres en esos cargos, vaya que su frase hizo eco en el salón y la mayoría nos cuestionamos, a quién le interesa que sea creíble?, por qué seguir perpetuando lo que ha estado mal?, por qué no una mujer?, por qué no cambiar lo que siempre ha sido “creíble”?, en fin…

Por otra parte entiendo de alguna manera el miedo de ciertos hombres al cambio de actitud respecto de las mujeres, quizás sea por vergüenza propia y ajena, de hombres que han reforzado la  discriminación, la violencia de diversos tipos hacia las mujeres, el patriarcado absurdo y tantas cosas más, pero creo que también existe ese deseo de ser diferentes, de reconocer el respeto y la igualdad que por derecho les pertenecen a las mujeres y que no tienen que rogarlo. Vi rostros cálidos y contenidos de alegrías y de lágrimas, vi rostros más humanos también…

Creo que este viaje también fue pensado para que yo pueda reconocer el valor de la sencillez, una vez más, este ejercicio resulta complicado sobretodo si uno se acostumbra a las comodidades y al bienestar, y creo que esta experiencia es necesaria cada cierto tiempo, para mirarse uno mismo, para agradecer por todo y tanto, para deponer la autosuficiencia y confiar en Dios, una vez más.

Esto es un poco de lo que puedo contar…

Mujer indígena de Panajachel - Guatemala / Fotografía propiedad de este blog

Mujer indígena artesana de Panajachel - Guatemala / Fotografía propiedad de este blog

Mujer indígena de Panajachel - Guatemala / Fotografía propiedad de este blog

Hombres indígenas con la vestimenta típica de Sololá - Guatemala / Fotografía propiedad de este blog

Vista del hermoso lago de Atitlán - Guatemala / Fotografía propiedad de este blog

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  1. Querido “Chapin”, sin duda fue una experiencia muy grata estar por tu tierra, que lindo lugar y tantas lecciones por aprender, gracias por la calidéz y por tu buena onda en todo. Un abrazo amigo 🙂

  2. Definitivamente hay cosas que los hombres debemos cambiar, dejar de perpetuar los roles es una de ellas. Gracias por las lecciones que nos dejaste y gracias por la amistad. Ojalá y otro día el destino te traiga de nuevo por acá, serás bienvenida nuevamente y cuantas veces quieras.

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