sueños posibles…

¡Mira, el invierno se ha ido,
y con él han cesado y se han ido las lluvias!
Ya brotan flores en los campos;
¡el tiempo de la canción ha llegado!

Cantar de los Cantares 2:11-12

Cuantas veces las cosas me parecieron sólo imposibles…

Todas las veces que esperé una mirada, una sonrisa, un beso tal vez….Todas y tantas veces que bajé la mirada cuando los enamorados se abrazaban por las calles, para no sentir, para no querer eso que tenían los otros…

Esas veces que prefería no salir, esconderme o escapar para que esos “san valentines”, no me asfixien más que mi propia soledad y cuantas veces guardé sin tiempo o rompí esos regalos que nunca podía entregar, tal vez porque en el fondo sabía que esas personas no los merecían. No merecían mi tiempo, mis lágrimas, mis suspiros, no merecían nada, porque eso fue lo que siempre me dieron, nada…

Las flores y las cartas, los besos y las llamadas, las tarjetas y las salidas, el cariño un abrazo, las sonrisas compartidas, estas son cosas que a muchos les parecerían tontas, efímeras y absurdas, fueron las cosas que por varias razones nunca tuve, y fueron también las que poco a poco fui olvidando que existían, para no quererlas quizás…

Estas cosas que muestran de alguna manera lo que el alma puede sentir  y que valen por lo que significan y no por su precio, valen el esfuerzo y el sentir de quien las entrega, valen el gesto y el brillo de una mirada cálida que entrega sin esperar más, y que lo hace sólo por el gusto de dar. Estas cosas que para mí fueron siempre imposibles han llegado de a poco, en cada paso, cada día, de su mano, con su amor.

Y ahora que son algunos mis años y después de tantas cosas, estoy segura de que no perdí nada, ni a nadie, que no perdí la memoria, ni dejé de sentir, sino que simplemente esos caminos y esas historias no eran para mí…

Me doy cuenta de que los imposibles se vuelven realidad y de que el tiempo del llanto se ha quedado atrás, que ha llegado mi tiempo de ser feliz…así, con la persona que escogió amarme y a la que yo escogí, feliz de haber llegado a ese lugar que me cambió la vida, el lugar donde lo conocí, feliz por saber que Dios cuida cada detalle de mi ser y que preparó y guardó todo este tiempo para nuestra felicidad…

Gracias amor

La virgen de Legarda - El Panecillo - Quito. Un lindo lugar para visitar y buen restaurante para cenar 🙂

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Un comentario

  1. Hola Mónica, me alegro como me he alegrado siempre de tu felicidad; tienes razón en lo que me comentaste en mi blog, he estado un poco desaparecido, no es por falta de interés por vuestros espacios, nada de eso; estoy pasando un momento personal muy malo y tengo muchas cosas desatendidas; no sé cuando retornará la normalidad a mi vida, espero que pronto, para seguir disfrutando y comentando blogs como el tuyo.
    Recibe un fuerte abrazo

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