el 28

Esta historia no es broma, ni burla, ni un exceso de cinismo.

Es bastante real y no es sólo la historia de una mujer,

sino una de tantas historias que pululan por los corrillos

y que van de boca en boca, en secreto y en murmullo,

que se unen como puntos coincidentes

que no dejan de ser interesantes, confusas y profundas.

La mañana siguiente, cuando sus ojos se abrieron, a penas podía recordar lo que había sucedido ayer. El sueño la abrazo durante horas logrando que ella olvide temporalmente el recuerdo, el perfume, los latidos y el fantasma que por su cuerpo pasó.

Y ella se levantó de la cama con un poco de dolor de todo…del alma y de la piel, y miró la almohada vacía y el otro lado frío de su cama, como buscando el rastro de su amante, recogiendo las migajas de sus caricias y sus besos. Obviamente él no estaba.

Se miró al espejo, y se dio cuenta que ya no tenía 18, ni 21, ni siquiera 25, tenía unos pocos años más. Y miró en silencio la profundidad del espejo como buscando una respuesta en su propia mirada, pero también imaginando el brillo y la dulzura de esos ojos que la cautivaron la noche anterior.

Y se dio cuenta de que ni esa mirada, ni su cara, ni su piel eran las mismas, porque ella apenas se podía reconocer en su reflejo. Entonces con un poco de remordimiento cerró sus ojos y suspiró profundamente como deseando que el tiempo se detenga o quizás regrese, y suspiró tratando de que el aire le dure un poco más en los pulmones y le ayude a mantenerse con vida otro día más.

Y pasaron los días y sus recuerdos fueron tomando otro sabor porque la pasión de esa noche se fue disolviendo bajo las sombras, y el recuerdo, los besos, los fantasmas y los delirios se fueron desvaneciendo y poco a poco se daba cuenta de que algo sucedía no sólo en su alma sino en su cuerpo. Y él?… acaso él sabía todo lo que ella imaginaba, sentía o esperaba?.. claro que no.

Y los días y las noches pasaban, y el sol era lluvia y la brisa pesaba como plomo, y el 28 no llegaba, y los días seguían corriendo persiguiéndola sin piedad. Y como tratando de recordar que fue lo que pasó, no porque no lo tenga presente, ni porque fuese la primera vez, sino porque todo esto siempre le parecía la primera vez. Y su cuerpo entró en paranoia y le gritaba desde adentro, algo que ella no quería escuchar, mientras ella se cubría los oídos y se dormía en silencio para no imaginar lo que la llenaba de pánico y de profunda emoción. Entonces ella pensaba que todo sería diferente si él estuviese aquí, si él quisiera esto tanto como ella, si las cosas no fuesen tan…, tan así como son.

Y tenía miedo de dormir porque imaginaba esas pequeñas manos y esos ojos brillantes que ya amaba. Y pensó que él o ella ya vivía en su ser, incluso se imaginaba aquellos latidos en su vientre, y pensó en un nombre, en el color de una piel y hasta en el tamaño de sus pies…

Y pasaron los días y con sus lágrimas preparó todo, se dispuso a amarlo con la más profunda devoción que muchos otros ya habían despreciado antes.

Entonces sucedió lo inesperado: El 28 llegó, sus hormonas volvieron a su cause, y su angustia se paró como reloj y ella con la respiración entrecortada se pregunta todavía: Será está la última vez?

*** Y yo pienso que somos pocas quienes podemos comprender la magnitud de la maternidad y sus alcances, así como pocas nos podemos reconocer, aceptar y amar como mujeres y personas incluso más allá de nuestros “errores”. ***

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