Hoy fue un día especial, después del desaliento y la angustia de estas dos últimas semanas, al fin encontré un respiro para sentirme mejor y llorar un poco más.
Creo que estoy aprendiendo muchas cosas y creo que la vida me sigue preparando para otras. Me di cuenta de esto cuando regresé a mis clases BSF, creo que entendí que ese espacio es para eso, para prepararme siempre para algo más, pero empezando por lo básico. Lo interesante de esto es que siempre tiene su grado de complejidad y dolor, digo dolor porque no es fácil examinarse y entender todo lo que se está haciendo mal o simplemente ignorando. Y me sentí enormemente privilegiada al estar en ese espacio, con esa gente, en este tiempo que ahora es distinto que hace 4 años o más. Vivir todo esto no sólo me motiva sino que me obliga a rendir mi voluntad y esperar expectante todo lo que pueda suceder.
Y también quería compartir lo que viví hoy, como ustedes saben soy una persona más espiritual que religiosa y más que eso, trato de vivir lo que creo por decisión propia. La iglesia a la que asisto es muy especial para mí, porque le encuentro coherencia entre discurso y acción, creo que la vida sería distinta si los seres humanos que formamos parte de esos espacios tuviésemos el mismo nivel de coherencia entre nuestras acciones y nuestras palabras, sin duda ese proceso será interminable. Admiro la labor de mi iglesia porque no es un espacio cerrado en cuatro paredes, sino porque tiene su corazón en la gente que no está precisamente dentro de la iglesia, niños/as y ancianos/as abandonados, tribus urbanas, gitanos/as entre otros. Y por encima de esto admiro y respeto mucho al pastor principal, creo que es un hombre sabio, pulido con los años, de esos que te hablan con firmeza y con amor, y que han vivido quizás de las formas más duras, todo lo que profesan.
Hoy con el ejemplo de la supervivencia de los pastores de ovejas en los páramos andinos cuando todas las ovejas se juntan alrededor de su pastor para darle calor y protección y así permitirle abrigarlo para el siguiente día, entendí la importancia de esta acción entre quienes estamos en la iglesia y nuestra actitud hacia el pastor.
Así que en un acto simbólico él y su esposa se colocaron en el centro del salón y todos/as nos acercamos a ellos para brindarles calor y nuestras oraciones. Fue un momento muy emotivo ya que nunca lo había visto llorar, supongo que se sentía conmovido y amado por nosotros, yo lo sentí más humano y más cercano. Fueron instantes de profunda gratitud y de mutua gratitud entre ellos y nosotros. Al final pude acercarme y darle un abrazo, le agradecí por todo lo que hacía por nosotros, aunque quizás él no sepa quién soy.
Parece que los años están haciendo efecto en mí, y pese a las múltiples experiencias me sigo sintiendo necesitada de Dios…




















